Un e-mail de mi amiga Laura ha traído a mi memoria muchos recuerdos de juventud. Y ha habido uno en concreto especialmente agradable, relacionado con un trabajo realizado en la clase de Literatura de 2º de BUP sobre "El Principito" de Antoine de Saint-Exupéry. Ahí aprendí que su lectura era algo indispensable, algo imprescindible para seguir creciendo interiormente. Contenía la respuesta a muchos secretos y preguntas que ya con 16 años pensaba yo que tendría "de mayor". Y de todo el libro sólo quiero traer a colación 2 párrafos.El primero es la dedicatoria (que en por si misma es casi un resumen del libro), y que dice: "A Leon Werth cuando era un niño". Todas las personas mayores han sido niños antes (pero pocos se acuerdan de esto). ¿Cómo olvidar que hemos sido niños? En realidad ocurre que se ha olvidado no la niñez, sino lo que la niñez significa: frescura de espíritu, sencillez, ilusión, proyección hacia el futuro, etc. Se pierde lo que siempre hemos venido a denominar la inocencia.
El siguiente párrafo que quiero recordar para mi no tiene desperdicio alguno. Es más, considero que ahora que además de adulto soy padre, debo repetirlo cada día para intentar recuperar a través de mi hija ese niño que habita dentro de mí. Sólo así podré intentar ser mejor padre, y mejor persona. Dice así: "Que más decir si lo esencial es invisible para los ojos. Solo se ve bien con el corazon. Porque si no fuese asi, los sueños de la raza humana no tendrian ningun sentido."
No debemos tener miedo a volver a ser niños. Racionalizar es propio de adultos pero me pregunto: ¿no sería mejor entender la esencia de las cosas desde la sencillez de un niño?




1 comentario:
Nos encanta tu comentario, yo en concreto aún me acuerdo de la niñez.......oye Pastor pásate por el blog que tenemos algo para tí (un cheque en blanco al portador) jajajajaja, no es algo mas importante..... por cierto la nena estará mejor no? dale un besote desde "Jaén con amor".
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