"Puesto que yo soy imperfecto y necesito la tolerancia y la bondad de los demás, también he de tolerar los defectos del mundo hasta que pueda encontrar el secreto que me permita ponerles remedio" M. Gandhi.
Lo siento amigos, no lo puedo evitar. Es llegar el día 31 de diciembre por la mañana y me pongo "meditabundo". Por fuera parece que estoy triste pero os aseguro que no es tristeza lo que siento. En los últimos años he llegado a la conclusión que en mi simplicidad de "hombre" simplemente agoto mis fuerzas al llegar el último día del año como los conejitos del anuncio de las pilas. Sinceramente creo que lo que me pasa es que sufro un proceso digamos de metamorfosis donde al mirar atrás quedan tantos recuerdos -cada año más- que tengo que procesarlos, clasificarlos, y disfrutarlos antes de pasar página y empezar a escribir un nuevo tomo.
¡Ufff! ¡Menudo ha sido el 2.009! Mientras escribo me tengo que parar, suspiro, mi mirada se nubla, y una tontísima sonrisa preside la expresión de mi cara. De fondo tengo un canal de radio del reproductor de Windows Media que es "Christmas Classics", con mi cuenta de correo electrónica abierta a través del webmail y el Facebook a tope de felicitaciones. Parece que esta vez me va a costar despedirme del año viejo que se va, así que para tener ganas de que llegue el 2.010 lo recibiré de guardia en el Hospital de Écija jajaja.
El 2.009 deja huella en nuestra vida. Y no sólo por la llegada de Jimena o por la operación de Rod Mondy que han sido los puntos de inflexión que lo marcaron. El año que termina hoy ha sido un año bondadoso y de abundancia en el que nuestra vida familiar se ha fortalecido gracias a excelentes vecinos, maravillosos amigos con los que hemos aprendido a disfrutar de los buenos momentos que nos trae el día a día.
Hoy un día especial en todo el planeta. A pesar de todo y aunque sea por un cortísimo espacio de tiempo realmente nos gustaría que esos deseos que realizamos se convirtieran en realidad: salud para todos (no nos olvidamos de ti amiga), que les llegue el turno a los que esperan, y sobre todo que todos tengamos tiempo suficiente para disfrutar con la familia y con los amigos. Porque lo demás, si tiene que llegar, llegará (trabajo nuevo, lotería, cambio de coche, quiniela, cupón, paga extra, ascensos, oposociones,...). Y mi deseo último, ese que pronuncio muy bajito coincidiendo con la última campanada... ¡que el mundo abra los ojos hacia los más desfavorecidos de una vez por todas!
Menos mal que nochevieja sólo hay una al año, porque tanta filosofía de la vida terminaría por fundir mi única-maravillosa neurona. El mundo da vueltas sin parar y aún me quedan 7 horas y media de 2.009 para agradecerle todo lo que nos ha traído y como incluso en la adversidad ha sido amable con nosotros.
Dejo de escribir por este año. ¡Ah! Gracias a todos vosotros porque el blog ha superado las 20.000 visitas y eso hace que me sienta un poquito especial. Desde lo más hondo de mi corazón os deseo un Año Nuevo 2.010 en el que cuando llegue a su fin os cueste mucho dejar que se vaya.
¡Hasta el año que viene!






Y tan perfecto salió que la habitación 116 (sala de observación) estaba en el pabellón "La Milagrosa" de la clínica. ¿Cómo no me había dado cuenta después de tantos años acompañando a mi maestro el Dr. Martín? Las "sores" de las plantas eran Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl. Tantos años y seguía persiguiéndome. Por cierto, la medallita con la que inicié esta historia se quedó unos años más tarde en ese pabellón cuando se la regalé de corazón a una paciente que en aquel momento de su vida la necesitaba más que yo.
Pero aún faltaba que otro de los rayos que salen de sus manos volviese a iluminar mi camino y vino a hacerlo en el momento y en el lugar oportuno. Todos sabéis que mi hija Rod Mondy nació en Haití y que cuando fuimos a buscarla tenía un estado de salud bastante débil. En aquellas semanas previas a nuestro viaje fueron sor María Teresa al principio, y luego sor Rosa María finalmente nuestros ojos, nuestras manos y nuestra esperanza en Haití. Porque no es que les debamos mucho. Es que se lo debemos todo. A ellas, y al cariño del resto de "sores" que desde su anonimato tambien hicieron mucho para que hoy seamos una familia feliz. De hecho al escribir esta historia cumplo con muchísimo retraso una promesa que le hice a sor Gladys. Ver en el patio del colegio la imagen de la Virgen Milagrosa apartó de mi todo miedo, sabiendo además que nuestros ángeles de la guarda eran Hijas de la Caridad.

Pero es que desde Santander nos ha llegado otro premio otorgado por nuestra amiga 














