A lo largo de mi vida he tenido muchos animales de compañía, sobre todo perros, y de todos ellos guardo un recuerdo imborrable. Algunos además me acompañaron en momentos especiales como cuando era un bebé y Atila (pekinés) y Nina (pastor alemán) velaban mis juegos y mis sueños. Otra Nina (dálmata) llegó durante mi infancia, y Barry (cocker spaniel) me ayudó a que nuestro traslado desde México hasta España fuese menos duro. En mi adolescencia fue Tara (cruce de caniche) quien me acompañó, y lo hizo durante tantos años que vió incluso como me licenciaba en Medicina (la historia de Tara la dejaré para otro día).Ahora comparto la felicidad de vivir con Nina y con Cásper, ambos recogidos de la calle. Además, en un corto espacio de tiempo y gracias a que Silvia se empeñó en que fuésemos familia de acogida de galgos han pasado por nuestro hogar Titán, Pastora, Dulcinea, y Shira. Y aunque nos gustase que esta lista acabase aquí, lamentablemente sabemos que en un futuro volveremos a abrir las puertas de nuestra casa a más galgos.
Pero esta entrada va dedicada a "Peluche".
Hace unos días, con la caída de la tarde, Silvia encontró un cachorro debajo de un coche e hizo lo único que podía hacer: meterlo en casa. El animalito a pesar de estar sucio era precioso. Estaba agotado, absolutamente deshidratado, famélico, sin apenas fuerzas para respirar y menos aún para tenerse en pié. Sus encías estaban blanquecinas y su boca fría, sus ojitos miraban sin miedo y se entrecerraban por momentos. Su cuerpo no reaccionaba a las caricias y su rabito no daba señales ni de tristeza ni de alegría.
Silvia lo colocó en la mesa que tenemos en el patio. Mientras intentábamos rehidratarlo poco a poco, nuestros animales empezaron a aparecer. Los gatos encabezados por Noa y Michina se subieron a la mesa con esa curiosidad que la genética y el refranero les otorga. Cásper a media distancia estaba pendiente de todo. Nuestra perlita le mandaba besos y le decía que se iba a curar. Y mientras, el perrito se dejaba que le diéramos agua con una jeringa ya que no tenía fuerza ya para poder beberla por si mismo. Poco después pudimos darle un poco de suplemente nutricional y lo llevamos a la caseta del jardín donde lo dejamos acomodado.
La noche fue diferente, sin las entradas y salidas habituales de los animales de nuestra habitación. Cuando me levanté los seis estaban en el dormitorio y no hicieron amago de seguirme. Al bajar las escaleras vi a "Peluche" dormidito dentro de nuestra casa justo detrás de la puerta. Con sus últimas fuerzas encontró el camino a través de la puerta de la cocina para meterse dentro. Creo que intuyó que las personas y animales que lo habían acogido serían su única y última familia, y dignificó su cruce a través del Arco Iris dejando atrás los sufrimientos de una vida que seguro que nunca mereció.
Tanto Silvia como yo se lo explicamos por la mañana a Rod Mondy, diciéndole que el animalito estaba tan cansado y tan enfermo que no pudimos hacer nada más para salvarlo. Y ella, desde la fortaleza que da lo que ha vivido y hablando desde la verdad del corazón de un niño dijo: "Ahora tiene alas"...
Así me imagino yo ahora a ese perrito que bauticé como "Peluche" en su sepelio, volando entre nubes blancas, bebiendo el agua más cristalina y comiendo el mejor pienso que jamás nunca pudo soñar. Desde aquí nostros le seguiremos mandando el calor de nuestra familia porque aunque fuera durante muy pocas horas, él también formó parte de nuestra manada.




2 comentarios:
Solo una entrada en este blog me hace esbozar una sonrisa ante una situación cruel que antes me haría llorar (y quizás otros dias en mi vida). El saber enseñar lo positivo de la vida, apreciandolo previamente es de mentes claras y corazones abiertos y el poder transmitirlo así a vuestra hija un don, que sin duda le esta dando y le dará alas.
gracias por ayudar a que la última noche de peluche, antes de esa noche más larga en la que se encuentra, sintiera vuestro calor.
besos
laura
Por algo sois maravillos. Y es que cuándo alguién dedica un poquito de su tiempo a los demás y sobre todo, a quién más lo necesita, es digno de admiración y más cuándo en este tiempo que os ha tocado vivir, casi todo el mundo va a lo suyo y lo que me nos hacen es preocuparse de nadie y menos de un animalito que en su último sueño se lleva como recuerdo a vosotros tres y a vuestros queridos animales.
Se pareceis muuuuucho a mi madre, que sale a diario a llevarle la comida y el agua a los gatos del barrio. Es socia del Arca de Noé y es una mujer que nunca discute con nadie, pero que se come al que le haga daño a algún animalito.
En casa de mi madre, siempre hemos tenido perros, hamster y cobayas, y eso que yo soy alégica a todos ellos, una de ellas, un caniche precios y blanco se llamaba Tara, como la tuya. Ahra mi madre tiene a Ariel, una perrita callejera que venía con la patita mala, era un cachorrito cuándo se la encontró mi hermana y ahora ya tiene 7 años.
Por eso entiendo vuestro amor por los animales, porque mi madre hubiera hecho lo mismo por Peluche y el último día de su vida también lo hubiera hecho FELIZ.
Un beso enorme
loli
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