Unas sevillanas del coro rociero de nuestra Hermandad dicen "
ya llega el día, que ole, ole, que ya llega el alba". Y efectivamente, ¡llegó el día! El
C.E.I.P. Josefa Navarro Zamora abría sus puertas para iniciar el curso escolar 08/09.
De la misma forma que encajan las piezas de un puzzle así pasaban los días previos a éste maravilloso martes. Porque de una forma absolutamente natural iban apareciendo los frutos del trabajo de Rod Mondy a lo largo del verano. El abecedario ya no parecía la Enciclopedia Universal, ni los números eran el Plan General Contable. Muchas cosas que algún día se le atragantaron ahora las asmilaba con facilidad. ¿Qué tienen los niños que saben percibir cuando tienen que activarse? La verdad es que vivir en primera persona esta "conversión" nos tranquilizó bastante respecto al inicio del curso.

Afortunadamente la noche pasó rápido, y los prolegómenos mañaneros estuvieron bendecidos por nuestro Ángeles de la Guarda que hicieron que no se rompiese la armonía familiar en ningún momento.
Enseguida llegamos de casa al cole, con tiempo de sobra para tener una toma de contacto con una cierta calma. Poco a poco fueron llegando más, y más, y más niños, que de forma ordenada iban formando en el patio. Ya casi a las nueve apareció su "seño" que es muy jovencita. Aunque había órdenes de la directora de que los papás no entrásemos a las aulas al final nos tuvieron que dejar entrar para dejar allí todo el material escolar que nos habían indicado que comprásemos.

Así que Silvia y yo fuímos los primeros en pisar el aula 11, la que pone en un cartelito 1ºB y que está en la primera planta. ¡Qué emoción ver el pupitre que ponía "Rod"! Las emociones se me acumulaban al sentir aquella clase como una parte más de mi vida. Allí nuestra pequeña pasará muchas horas y es allí donde por fin terminará de adaptarse a su nueva vida. Y mientras Silvia colocaba la bolsa en su lugar yo intentaba que no se me escapara un detalle, al tiempo que se escuchaba el jaleo que desde la escalera llegaba al ir subiendo ya los alumnos de los cursos superiores.

Cuando bajábamos la escalera me fijaba en las caras de los niños y niñas con las que os cruzábamos y veía en la mayoría de ellos esa bendita expresión que ilumina los ojos de los alumnos en el primer día de colegio. Unos con más ilusión que otros iban entrando en las aulas, siempre con esas vocecillas de fondo. Ya al final de la escalera vimos a los benjamines del colegio caminando hacia las aulas de Infantil, con carita de asustados y algunos con los ojillos llorosos y los moquillos asomándose en la nariz.
Al salir del edificio los de primero ya avanzaban desde el patio hacia nosotros. Una pequeñísima pausa para derle un beso a Rod Mondy y la vimos marchar con cara "pensatibunda" en una fila perfectamente desordenada detrás de su señorita...
Lo que pasó a lo largo de la mañana y hasta que fuimos a recogerla tras haber almorzado en el comedor probablemente quedará en una nebulosa donde se mezclarán las palabras de nuestra perlita relatando como no paraban de decir "señorita, señorita" (no he podido evitar recordar a los muñecos de Gomaespuma en televisión; pinchad en el enlace si lo habéis visto o no lo recordáis), los juegos durante el recreo, sus primeras palabras en clase de inglés, o el intento de describir lo que había comido ("unas pelotitas amarillas con un poco de sopa") y que posteriormente supimos que eran garbanzos.
Termino ya de escribir éste post y lo hago pensando lo afortunado que he tenido que ser durante mi infancia porque sinceramente... ¡envidio muchísimo a mi hija! ¿No hay coles para niños grandes como yo?