
Uno de los más raros y extraordinarios placeres que desafortunadamente nos perdemos muchos padres es el de llevar a nuestros hijos al colegio. Seguramente al algunos les parecerá que sólo es parte de la rutina diaria de nuestras vidas, así que tal vez yo sea un privilegiado por haberme dado cuenta de que cada mañana tiene un sabor distinto, un color diferente, y sobre todo !una velocidad distinta dependiendo de lo que Rod Mondy haya tardado en desayunar!
Confirmar en el cuadrante de la puerta del frigorífico lo que le toca para tomarse durante el recreo, colocarlo junto con el zumo o la leche en la fiambrera, es por una parte una responsabilidad pero por otra me hace sentirme más cerca de mi hija.
Calentar la leche el microondas mientras ya escucho las voces de Silvia y Rod Mondy de fondo, y empezar a preparar el desayuno pensando ayer le puse el pan con mantequilla, o se lo voy a poner con queso... y seguramente me pida que le ponga una lochita de pavo. Todo queda preparado en un platito de colores del Ikea esperando a que mi princesa empiece a desayunar.
Ahora toca revisar qué clases tiene hoy para luego revisar la mochila. Aquí los deberes, allí la autorización para la visita al teatro, que no se me olvide recordarle que no juegue con la tierra después de almorzar porque luego tiene inglés y baile,...
Para cuando abrimos la puerta Cásper sale disparado hacia el coche para acompañarnos. Besito a la Virgen Milagrosa que cuida nuestra casa y... ¡todos al coche! Suena en la radio "Buenos días, Javi Nieves" y Rod Mondy siempre nos cuenta algo. Ayer se fijó en que la Luna estaba fuera y ya era de día. Hoy se pregunta cómo estará Chula, la perrita que parió el otro día frente al colegio.
En un par de minutos estamos aparcando. Bajamos del coche y nos unimos a la procesión de madres, padres, niñas y niños que más dormidos que despiertos dirigen sus pasos hacia el colegio. "Hola Rod" suena detrás de nosotros y una niña nos regala su mejor sonrisa al pasar a nuestro lado. Nos paramos cerca de la puerta mientras llegan sus amig@s y la vemos entrar de la mano de su amiga Claudia justo un momento antes de que suene el timbre y se empiece a formar la fila.
Mientras mi perlita se queda en el colegio y nosotros volvemos a casa, noto como percibo nuevas sensaciones a través de los mismos sentidos que ayer funcionaban de otra manera. Y me siento tremendamente feliz y afortunado de poseer el mayor tesoro que nunca pude imaginar y que no es otro que mi familia.




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