Tocaba ir a la función de tarde de Apassionata para ver su espectáculo "Four Seasons". Supimos llevar en secreto el lugar a donde íbamos, e incluso cuando ya estábamos en el Pabellón de Deportes nos aguantamos las ganas de decirle que iba a ver muchísimos caballos. Seguro que ya habréis adivinado que a estas alturas de la película, después de la Feria y sobre todo del Rocío, los caballos apasionan a Rod Mondy.
Las luces se apagaron y cuatro caballos cartujanos blancos jóvenes salieron galopando a la arena para dar comienzo al espectáculo al son de una bellísima música. Y yo quería tener ojos para ver la maravilla que ante mis ojos se presentaba pero no podía mirar hacia la pista porque mi visión se deleitaba en otro lugar: la carita de felicidad de mi pequeña. Seguía cada movimiento, cada salto, cada cabriola, cada galope de aquellos caballos.
Y llegó ese momento soñado, cuando los hoyuelos de sus mejillas mostraban la más enorme sonrisa de felicidad, y sus abiertísimos ojos brillaban con la poderosa luz de la inocencia, mientras sus manos acompasaban el ritmo de la música. En ese fugaz instante volví a ser niño otra vez, y sentí con una fuerza irresistible el amor que mis padres me transmitieron por cualquier manifestación artística. Acudieron a mi mente como en un mosaíco multitud de momentos ya vividos y supe que nuevamente la rueda de la vida acababa de dar una vuelta más.
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Al llegar el final los tres estábamos muy contentos. Porque aunque ahora Rod Mondy ocupa muchos de mis pensamientos no puedo olvidar nunca a mi Silvia, ya que ella es la gran "culpable" de que mis sueños día a día vayan cobrando realidad. Y a ella igual que a su hija le encantan lso caballos. ¿Qué más puede un hombre pedir? Al desandar el camino hacia el coche recordaba con Silvia algunos detalles de lo que acabábamos de vivir, mientras una pequeña niña jugueteaba con su caballo de peluche e imagino que en su mundo presentaba su particular Apassionata mejor incluso que Bertín Osborne.




En la habitación de Rod Mondy hay tres cuentos con los que cada noche se duerme: "Adivina cuánto te quiero", "Siempre te querré" y "Niña bonita". Y aún le quedan muchos más por conocer y por elegir. Nosotros no podemos luchar en igualdad de condiciones contra el racismo instaurado en la sociedad (por el momento), pero si podemos preparar a nuestros hijos frente a esa actitud. Como sije una vez en éste blog, los niños son nuestro futuro... ¡apostemos por ellos!
La última en aumentar la familia ha sido nuestra gatita Michina. Nuestra intención fue la de esterilizarla igual que Misae, pero nos pilló todo con el jaleo del viaje a Haití y el gatito amarillo de los vecinos la pilló en celo antes que nosotros pudiésemos llevarla al veterinario. Así que la madrugada del pasado jueves trajo al mundo a 2 gatitas (una tres pelos y una amarilla) y a un gatito negro.
Ahora, cuando llego a casa se nota que algo ha cambiado. Porque después de ponerme cómodo me siento en el salón al lado de mi niña y repasamos lo que ha hecho en el día. Y me quedo embobado con su media lengua y ese español que en menos de 3 meses ha sido capaz de aprender. Ella habla, rie, gesticula, busca el asentimiento de Silvia que siempre esta vigilante a todo.









