A mis 41 años hoy he vuelto al colegio. Acompañado de Silvia he entrado en el aula de 1ºB con los deberes preparados y un libro en las manos. Y mientras la "seño" iba logrado con paciencia calmar la ansiedad de las fierecillas mis ojos se paseaban por entre los pupitres intentando grabarlo todo en mi mente. Finalmente el silencio se hizo y pude empezar a leer "Niña bonita".Siempre he disfrutado leyendo en público, es algo que me gusta y me satisface. Y viendo las caritas de los compañeros de Rod Mondy me sentía tremendamente cómodo, sintiendo como sus ojillos me miraban y notando como hasta los que empezaron sin hacerme mucho caso poco a poco iban quedando atrapados por el cuento. Y en esa especie de hipnosis en la que parecían sumidos llegó su primera carcajada. Fué estruendosa, unísona, sincera y sobre todo... ¡inesperada para mí! Porque entonces ya no parecía que estuviese leyendo un cuento sino contando una historia, gustándome en ello. No cabía duda de que les gustaba y la sonrisa de Silvia así lo atestiguaba.
Hubiese querido alargar el cuento un ratito más, pero finalmente concluí con el tradiconal "colorín colorado, este cuento se ha acabado". Y así llegó mi premio en forma de coloquio. La "seño" iba preguntando y los niños levantando la mano. Así por fin puse cara a algunos nombres como Triana, Desiré, Manuel, mientras Miguel Ángel no paraba quieto, José Luis era el más formal, Claudia me miraba y sonreía, Manoli intentaba hablar con Silvia, Marta no paraba de levantar la mano, e incluso Rod Mondy terminó interviniendo.
La vida nos regala a diario momentos inolvidables, y a través de los niños nos recuerda que con muy poco se puede ser muy feliz. Ellos se han quedado contentos y mañana ya no recordarán lo que ha pasado hoy; sin embargo yo no olvidaré nunca el día en el que volví al colegio.




