"La voz de la sangre... ¡qué flácida patraña romántica! La paternidad única es la costumbre del cariño y del cuidado. El que sufre, lucha y se desvela por un niño, aunque no lo haya engendrado, ése es su padre." (Rubén Dario. Autobiografía)
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29 de agosto de 2008

Carreras de caballos en Sanlúcar de Barrameda

Ya es una auténtica tradición en nuestra pequeña familia pasar un día en Sanlúcar de Barrameda almorzando primero en Bajo de Guía para luego quedarnos en la playa para ver las carreras de caballos. Es un día que dejamos para cuando están terminando las vacaciones y éste año teníamos muchas ganas de ir para que Rod Mondy disfrutara al mismo tiempo de dos de sus cosas favoritas: playa y caballos.

Si nunca habéis ido por allí os rcomendamos que lo hagáis. No está tan masificado como pueda parecer en las fotos o en la tele, y es una experiencia que además de entretenida resulta muy curiosa. Los prolegómenos de las carreras con la Guardia Civial despejando la "pista", los tractores llevando los cajones de salida, los vendedores ambulantes vendiendo tanto dulces tradicionales como todo tipo de chucherías, los caballos pasando despacio hacia la salida y luego a toda velocidad hacia la meta,...

Capítulo aparte merecen los niños. Y es que hay una costumbre en Sanlúcar por la que los niños montan en la playa unas casetas de apuestas. Y es muy curioso ver como montan su particular chiringuito, luego trazan una línea en la arena y el caballo que pase primero por esa línea será el ganador de la apuesta (independientemente de cuál sea el caballo que gane en la línea de meta). Obviamente se apuestan pequeñas cantidades (mínimo 10 céntimos y máximo 1 euro) que quedan reflejadas en una papeleta hecha a mano. Y en la mayoría de las casetas las ganancias son del triple de lo apostado.Y todo esto con el paisaje del coto de Doñana al fondo, la puesta de sol, los pesqueros volviendo a puerto, los barcos remontando el Guadalquivir camino del puerto de Sevilla, y con nuestra pequeña disfrutando de los lindo.

31 de mayo de 2008

Las pequeñas cosas de la vida

Hoy ha sido una de esas tardes por las que merece la pena haber tenido que esperar y desesperar tanto para ser padres. Siempre he creído que son las pequeñas cosas de la vida las que la hacen maravillosa y hoy se ha puesto de manifiesto una vez más esta frase.

Tocaba ir a la función de tarde de Apassionata para ver su espectáculo "Four Seasons". Supimos llevar en secreto el lugar a donde íbamos, e incluso cuando ya estábamos en el Pabellón de Deportes nos aguantamos las ganas de decirle que iba a ver muchísimos caballos. Seguro que ya habréis adivinado que a estas alturas de la película, después de la Feria y sobre todo del Rocío, los caballos apasionan a Rod Mondy.

Las luces se apagaron y cuatro caballos cartujanos blancos jóvenes salieron galopando a la arena para dar comienzo al espectáculo al son de una bellísima música. Y yo quería tener ojos para ver la maravilla que ante mis ojos se presentaba pero no podía mirar hacia la pista porque mi visión se deleitaba en otro lugar: la carita de felicidad de mi pequeña. Seguía cada movimiento, cada salto, cada cabriola, cada galope de aquellos caballos.

Y llegó ese momento soñado, cuando los hoyuelos de sus mejillas mostraban la más enorme sonrisa de felicidad, y sus abiertísimos ojos brillaban con la poderosa luz de la inocencia, mientras sus manos acompasaban el ritmo de la música. En ese fugaz instante volví a ser niño otra vez, y sentí con una fuerza irresistible el amor que mis padres me transmitieron por cualquier manifestación artística. Acudieron a mi mente como en un mosaíco multitud de momentos ya vividos y supe que nuevamente la rueda de la vida acababa de dar una vuelta más.

Al llegar el final los tres estábamos muy contentos. Porque aunque ahora Rod Mondy ocupa muchos de mis pensamientos no puedo olvidar nunca a mi Silvia, ya que ella es la gran "culpable" de que mis sueños día a día vayan cobrando realidad. Y a ella igual que a su hija le encantan lso caballos. ¿Qué más puede un hombre pedir? Al desandar el camino hacia el coche recordaba con Silvia algunos detalles de lo que acabábamos de vivir, mientras una pequeña niña jugueteaba con su caballo de peluche e imagino que en su mundo presentaba su particular Apassionata mejor incluso que Bertín Osborne.