"La voz de la sangre... ¡qué flácida patraña romántica! La paternidad única es la costumbre del cariño y del cuidado. El que sufre, lucha y se desvela por un niño, aunque no lo haya engendrado, ése es su padre." (Rubén Dario. Autobiografía)
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17 de abril de 2009

Mirando de frente a la Esperanza

Si no me falla la memoria, se cuenta que el capataz macareno Luis León se disponía a mandar a sus hombres para la salida del palio de la Esperanza Macarena. Y aunque hubiese podido sacarlo con los ojos cerrados porque ni la puerta ni el paso tenían para el secretos se fue a la trasera antes de llamar para ver que estaba "cuadrao". Y después de tantos años paseando a la Virgen por Sevilla un sobresalto le recorrió el cuerpo al descubrir que tras la Esperanza... ¡no quedaba nadie! La iglesia desierta, el camarín vacío, sin "armaos" ni nazarenos. Fuera todo bullicio, gentío, emociones a punto de estallar, recuerdos y mucho sentimiento. Y él estaba allí, en medio de aquel vacío repitiendo "sin la Esperanza no queda nada".

Con el recuerdo de aquella anécdota ayer encaminamos nuestros pasos hacía la Basílica de la Macarena. La tarde era desapacible, el viento fuerte y frío, con negras nubes que amenazaban con ponernos pinguenando en cualquier momento. Paso a paso y caminando al lado de la muralla íbamos notando como ya estábamos más cerca de Ella. Y es que aún sabiendo que la Virgen María es sólo una, parece que cuando dices "Macarena" el corazón sonrie y a veces la mirada se nubla.

Al cruzar la verja de entrada al patio pensé que una semana antes aquello era un hervidero, un ir y venir de gentes, como una especie de hoguera donde el fervor se prende el llamas buscando encontrar un adelanto del paraíso en la Tierra. Sin embargo ahora se veían las frías columnas y el único color lo daban los geráneos de las macetas que florecen con más alegría de toda Sevilla. Y entramos para hablar con Ella...

Ahí estaba tan guapa como siempre, como en aquellas mañanas en las que me escapaba de las clases de la Facultad de Medicina para visitarla. Su camarín, su corona, su manto, su mirada, sus manos, su pañuelo, todo estaba igual que siempre. Ahí estaba yo, cogiendo de la mano a Silvia y a Rod Mondy mientras le rezábamos a la Esperanza y en mi cabeza resonaba la voz de Carlos Herrera preguntando "Sevillano, ¿cómo te gusta más la Macarena?" o de Joaquín Caro Romero recitando aquello de "No sé con qué está más guapa la Esperanza Macarena" y repicaba el sonsonete de los versos de Antonio Rodríguez Buzón cuando pregonaba diciendo "Por eso Reinas habrá, pero como Tú... ¡ninguna!". La catarsis espiritual puede ser también una lección de catecismo cuando ante la visión de la Imagen de la Madre de Dios miras en tu interior para renovar tu Fe, pidiendo que nunca se acabe la Esperanza y que la Caridad alcance a todos los que tanto la necesitan.

Ella es nuestra Esperanza, la misma que como madre pedía al ver a su Hijo sentenciado. Porque como le pasó aquella madrugada de Viernes Santo a Luis León yo también comprendí que sin esperanza nada nos queda a los hombres.



Finalmente ya tengo respuesta a las preguntas de los pregoneros: como más me gusta la Esperanza Macarena es iluminando y bendiciendo a mi familia en una tarde cualquiera de primavera.

17 de junio de 2008

El día que vivimos pendientes de un termómetro

Tenía que llegar, era sólo cuestión de tiempo. Tan seguro como que el día sigue a la noche era que llegaría el momento en que nuestra hija se pusiese malita. Y tuvo que ser después de un estupendo fin de semana con la piscina de protagonismo.
Desde las 7 de la mañana tu mami pendiente del termómetro, y a mi me pillaste ya camino del trabajo. Fiebre y mocos... ¡habré yo visto niños así a montones! Pero esta vez tocaba sufrir un poquito, o mejor, un pocazo. Siempre me ha gustado una frase que define al verdadero amor "no como el que hace juramentos de amor eterno durante las placenteras noches de verano, sino aquel que los cumple durante las tormentas de invierno". Y para colmo elegiste un lunes día en el que hago jornada doble en el Hospital.

Verte con los ojitos vidriosos y los labios tan colorados abrazadita a tu mami me llenó a la vez de ternura y de desasosiego. Tu vocecita salía con menos alegría, y teñida con un sonido nasal. Y de vez en cuando un "quejío" brotaba de tu boquita. Al hacerte efecto la medicación, era como cuando se infla una colchoneta en la playa. En media hora parecía estar todo controlado y volvías a ser la de siempre. Cenaste y te acostaste después incluso de hacer vahos y por supuesto no perdonaste tu cuento eligiendo precisamente ¿Adivina cuánto te quiero?

Pero el termómetro no podía perdonar a estos padres primerizos poco después de la medianoche. Ahí estábamos mami y papi dándote un bañito, aguantándonos los mocos al verte con tanta fiebre. Al final pasaste la noche con mami en el sitio de papi, y te reiste al ver que yo me acostaba en tu cama. Larga noche en duermevela, pero al final tu fortaleza venció a la fiebre.

Hoy, completamente repuesta, en mi corazón sigue habitando una pena. Y es que queridísima hija mía, no puedo dejar de pensar en todos esos niños que hay en el mundo enfermos que no tienen el cariño que necesitan para ponerse buenos. Me enfado porque para colmo conzco a muchos amigos que desean con vehemencia ser padres para enfrentarse a la maravillosa tarea de cuidar en todos los sentidos de sus hijos. Por unos y por otros, suspiraré una vez más confiando y esperando en que en esta vida nada pasa simplemente porqué sí.

13 de diciembre de 2007

Los niños son la Esperanza


Los niños deberían ser el motor que moviese el mundo. En su mundo, nada sencillo, está la solución a problemas irresolubles para los adultos. La llamada inocencia de los niños no es más que su facilidad para entender las cosas de forma simplista, sin adornos ni cargas. Sólo ellos nos emocionan hasta lo más profundo. Sólo ellos con un simple gesto, una mirada, o una mueca saben iluminar el día más oscuro de nuestras vidas.

Por eso hoy quiero seguir creyendo en que én éste Mundo aún tiene cabida la palabra "Esperanza". Porque en cada niño está la semilla que hará brotar una nueva ilusión, un nuevo proyecto, en definitiva una nueva vida. Y como adulto yo quiero rebuscar en mi recuerdo para volver a aprender a ser niño. Dejar atrás preocupaciones sin importancia y concentrarme en vivir la vida tal y como viene, y no dejar de disfrutar de ningún instante por tener mi mente distraída en absurdos menesteres de persona mayor.

Siempre escuché decir que "cuando Dios cierra una puerta, en alguna parte abre una ventana". Y esa ventana sólo puede tener un nombre: Esperanza.