"La voz de la sangre... ¡qué flácida patraña romántica! La paternidad única es la costumbre del cariño y del cuidado. El que sufre, lucha y se desvela por un niño, aunque no lo haya engendrado, ése es su padre." (Rubén Dario. Autobiografía)
Daisypath Happy Birthday tickers
Daisypath Happy Birthday tickers

28 de marzo de 2012

Llegó como llega siempre...

... y todo el PUA lo esperaba... ¡olé la música y el canto hechos arte!

Yo me sigo preguntando como son capaces nuestros niños de hacer música, y de hacerla tan bien. Primero cada nota por separado, una detrás de otra en el pentagrama. Cada niño con su voz o con su instrumento, frente a frente el primer día de reparto de partituras. Sin perder su identidad individual, se empiezan a sumar sus esfuerzos para ir dando forma poco a poco a la obra pensada y adaptada por los directores, labor artesanal donde las haya. Y las melodías de los ensayos empiezan a formar parte de los sonidos que cada día escuchamos a la salida del colegio bien porque se canturrean, se tararean o se interpretan con algún instrumento. Poco a poco va cogiendo cuerpo el proyecto original, y entre risas, algún regaño cariñoso y sobre todo con ilusión y mucho trabajo empieza a latir el corazón de cada obra musical. Ensayos por separado de cuerda, coro, viento, percusión, ex alumnos y siempre contrareloj buscando un resultado profesional sin dejar que todo forme parte de un hermoso juego porque a fin de cuenta nuestros artistas niños son. Hasta que llega el día del concierto.

Una flor de azahar distraída por la melodía de primavera recién iniciada indicaba en el almanaque de la Orquesta y Coro JNZ que hoy era uno de sus días grandes. Aunque eso ya se notaba en cada casa, porque a ninguno de sus miembros le costó madrugar y se vistieron con rapidez con ese blancor que los caracteriza. Mucho tiempo antes del primer pase ya estaban todos allí cuando se pasaba lista, llenando de calor e ilusión infantiles cada rincón del Centro Cultural. Simultaneamente se organiza el escenario, se colocan los micrófonos, y se realiza el meticuloso trabajo de sonorización. ¡Se parece tanto a la organanización de una cofradía! Desde el reparto de papeletas hasta los momentos previos a la salida con los diputados de tramo organizando sus nazarenos y los costaleros haciendo la ropa.

"Un, dos, tres y..." musita el maestro Enrique y al tercero de martillo, ¡al cielo vamos con ella! Y la música brota, y suena y resuena, y todo lo llena. Esos sonidos que llenan en un santiamén los ojos de lágrimas en los emocionados padres, madres, abuelos, abuelas, familiares y amigos. ¡Claro que "Pasan los campanilleros"! Y mientras pasan, nos emocionan y nos hacen pensar lo maravilloso de haber encontrado un hueco para poder compartir ese momento mágico de pellizco para el corazón que se está viviendo tan en directo que sin apenas darnos cuenta ya estamos apludiendo a nuestros niños por tan brillante interpretación. El coro, después de su forzosa reestructuración, tiene vida y sentido propio y se complementa perfectamente con la orquesta en un mágico ejercicio musical con un efecto sonoro simplemente maravilloso.

Y ya metidos en ambiente, un año más podemos disfrutar de la saeta de la maestra Mercedes, con la sopresa de haber escuchado previamente otra saeta interpretada por su padre de manera magistral (de tal palo...). No es nada fácil cantar una saeta, y menos aún cuando se hace un un escenario, fuera del marco cofradiero que porporcionan las calles por donde caminan nuestros pasos. Pero hasta en esto el concierto nos ofreció lo mejor de lo mejor, con una saeta brillante y vibrante que no dejó corazón sin conmover ni fibra sin tocar. Un auténtico placer haber podido disfrutar un año más de un adelanto de la Semana Santa en el requiebro saetero de la voz de la directora de nuestro coro.

Y de una saeta a... ¡La Saeta! Durante la interpretación de esta marcha hubo un momento sublime en el que todo parecía ir a cámara lenta. Esa conjunción entre el coro cantando a dos voces (¡menudo estreno ha tenido el coro!), y la sonoridad lograda por la orquesta era absolutamente palpable. Tras las estrofas en verso de la poesía machadiana la emoción se desbordaba en el patio de butacas, igual que cuando la banda que acompaña a un paso se acerca al momento culminante de la estación de penitencia. Con embrujo, arremolinando los acordes, Enrique y Jerónimo mandaban a su cuadrilla que se venía de frente con auténtico arte. Y en la trasera del escenario, Mercedes y Lucía, desplegaban todo el talento del coro iluminando con sus voces como la más rica de las candelerías. Luego, ese toquecito flamenco de la bulería que da pié a que arranque el principio del fin, en ese camino triunfal que terminó dejando en el aire un recuerdo imborrable para todos los que tuvimos la fortuna de estar ahí para vivirlo.

¡Gracias maestros! ¡Gracias maestras! Porque ya no les basta con formar el taco en cada actuación. Ahora también han buscado una labor didáctica, añadiendo al espectáculo una divertida presentación de los instrumentos por familias que encantó tanto a los niños como a sus familias y amistades. Soy consciente de ser un privilegiado por poder estar en cada concierto. Es un auténtico placer compartir una mañana con el maestro Manolo Franco, que es otro de los que habría que hacerle un monumento. Y es una gozada ver la cara de satisfacción de la directora del colegio, rodeada por toda la comunidad educativa. Pero permitidme que me repita una vez más al referirme a esos maravillosos músicos que forman e integran la orquesta JNZ. Todos, absolutamente todos son increibles y llenan la mañana con sus sonrisas, su alegría, con sus miradas y sus caritas llenas de fuerza y de ganas de hacernos disfrutar. Cualquier piropo que os dedique se queda corto, porque sois tan espléndidos que os entregáis por completo en cada concierto, después de horas, horas y más horas de ensayos. ¡Enhorabuena artirstas! Cada vez vel listón va quedando más alto, y cuando apenas han dejado de oirse las últimas notas de este concierto, ya sueño con el próximo.

1 de marzo de 2012

Un año más... ¡he vuelto a la escuela!

¡Ay mis niños qué grandes están! Un año más el colegio ha abierto sus puertas para que los padres pudiésemos entrar en la aulas y comaprtir la lectura de un libro con nuestros hijos. Mi clase ya es 4ºB, y la maestra Teresa sigue siendo mi tutora. Y como el aula ya me la conozco, pues me sentí tremendamente feliz y muy cómodo de poder compartir un ratito de la mañana de este nuboso jueves primero de marzo.

Este curso les he querido sorprender con uno de mis libros favoritos de mi infancia, El caballito jorobadito de P. Erskov, Editorial Raduga. No sé cuántas veces en mi vida habré recitado los primeros versos de un hermosísimo cuento en tres partes y que probablemente fue la primera poesía que memoricé: "En una lejana tierra / tras los bosques y la sierra / al otro lado del mar, tenía un viejo su hogar. / Eran sus únicos dones / tres hijos, los tres varones. / El primero, listo, cesudo / el segundo cachazudo / y el tercero un pasmarote / un tonto de capirote."

Gracias niños por vuestro amable recibiemiento, por vuestro silencio y por vuestra atención, por vuestro aplauso y por vuestra despedida. Estos ratitos que puedo compartir con vosotros son auténticos tesoros que guardo muy, muy dentro de mi corazón. Espero que algún día lleguéis a saber lo importante que es para mi cada uno de esos días señalados en letras de oro en el calendario en que puedo adentrarme en vuestro mundo y ser durante un breve espacio de tiempo niño otra vez.