
El "Adivina cuanto te quiero" es parte de la tradición de nuestra pequeña familia, y llegó a su lugar en la estantería mucho tiempo antes de que fuésemos padres por primera vez. Y cada vez que ha sido elegido como cuento para que Rod Mondy o Jimena se fuesen a dormir, siempre he disfrutado con su lectura. Así que rodeado de los niños de "mi" clase de infantil no podía ser diferente. En un abrir y cerrar de ojos se metieron en el cuento y como es lógico se identificaron con la pequeña liebre color de avellana que hacia lo imposible por decirle a su mamá cuantísimo la quería. Y nuevamente aparecieron las miradas chispeantes, las caritas alegres y ese silencio-murmullo tan inquieto cuando ya todos quieren formar parte de la historia aportando sus propias vivencias.
Y así, volando en mi nube soñadora, y agradeciendo los gestos de cariño que el maestro Antonio tuvo conmigo me despedí de ese rinconcito del colegio que forma una de las partes más importantes de mi vida.
Sin tiempo apenas de paladear todo lo vivido, encaminé mis pasos al aula de 5º A donde el maestro José Domingo me dio la bienvenida con esa sonrisa que suele presidir su rostro. ¡Uf, qué cambio en los niños de "mi" clase! Parece que fue ayer cuando los visité por primera vez en la clase de la seño Isabel. Ahora son ya más preadolescentes que niños, y se nota que hay que echar un poco más de carne en el asador para llegar a ellos. Pero lo que no sabían era que contaba con un auténtico comodín, con un as bajo la manga con el libro que les iba a leer y que no era otro que "Corazón". Este libro forma parte de mi vida, de manera que muchas de sus enseñanzas han modulado incluso mi forma de pensar y de actuar en la vida.
Tal vez por todo lo anterior, y porque creo en la educación en valores, decidí leerles "El pequeño escribiente florentino" donde se mezcla el amor entre padres e hijos, el sacrificio, el trabajo y los estudios. El respetuoso silencio que tuvieron durante la lectura me iba llenando de satisfacción, y podía ver en sus caras que entendían los sentimientos del pequeño protagonista. Abrir sus mentes para que calen hondo esos valores que nuestra sociedad se empeña en esconder. Ojalá más allá de mis palabras, el mensaje que les quería transmitir les haya llegado porque entonces la altura que tomaría mi nube sería increíble.
Gracias al colegio por su invitación, a los maestros Antonio y José Domingo por su dedicación y cariño, y sobre todo gracias a los niños de "mis" dos clases por seguir dejando que durante un ratito cada curso pueda compartir un trozo de sus vidas.











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