Llegamos al Real y parecía que la flamenquita morena no tenía ojos suficientes para ver todo lo que la rodeaba: coches de caballo, tómbolas, caballistas, puestos de turrones, flamencas, atracciones, casetas, farolillos -pocos-, y la enormidad de la portada. Fue un auténtico placer ir caminando con ella de la mano y viendo como formaba parte de ese yo colectivo que durante la Feria envuelve a los sevillanos.
Y después de nuestro pequeño paseo por las calles llegamos a la caseta de mi prima, porque no podía ser de otra forma. Entre aquellas lonas, entre sevillanas y rumbas, entre rebujito y montaítos, durante muchas Ferias habíamos soñado con el momento de ser una familia.
Tu mami y yo ya pensamos en la Feria del 2009 donde ya sabrás bailar sevillanas, y donde el compás de las palmas será uno de los ritmos que conduzca tu vida. ¿O serás tu más bien de rumbitas? ¡Qué más da! Y es que preciosa morenita mía, parece que naciste en Triana, en esa Clínica de la calle San Jacinto donde tanto te quieren.
Al final llegamos a ese paraiso al que para darle contraste bautizamos como "infierno". ¡Cuantísima gente por allí! Paso a paso nos abrimos camino entre el bullicio y pudiste volver a sentir la felicidad infantil de montarte en el Scalextric, el Tiovivo y en las Naves Espaciales. Incluso entre toda esa alegría tuviste tiempo de recordar a tu primichinita Anabel unas cuantas veces.
Mientras veíamos como se empezaba a formar la caravana de retirada de los enganches y caballos, abandonamos el Real de la Feria rumbo al aparcamiento del Charco de la Pava, contemplando con auténtico orgullo a nuestra pequeña vestida de rojo derramanado a cada paso el salero con el que Dios la envolvió.




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