"La voz de la sangre... ¡qué flácida patraña romántica! La paternidad única es la costumbre del cariño y del cuidado. El que sufre, lucha y se desvela por un niño, aunque no lo haya engendrado, ése es su padre." (Rubén Dario. Autobiografía)
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19 de diciembre de 2012

Conciertazo de Navidad, ¡mereció la pena!

Hace tan sólo unos días la Orquesta JNZ volvió a escribir una página de gloria musical. Y a pesar de los días pasados todo sigue imborrable en mi recuerdo. Ni siquiera el rápido transcurrir del tiempo ha sido capaz de nublar todo lo que allí sucedió. Es más, con mis recuerdos y sensaciones ordenados, me siento más preparado para poder contaros lo que allí se vivió y se sintió.

Carita divina, Luna lunera, Corta romero y Habrá Navidad. Y de las cuatro piezas, tres eran novedades, rigurosos estrenos. Una vez más haciendo gala del "más difícil todavía". Por un lado los habituales cambios en la orquesta por las salidas y entradas de alumnos a la misma. Ahora hay que sumarle que el maestro Jerónimo (¡qué pedazo de músico!) no se limita a hacer una "adaptacioncita" en las partituras sino que realmente realiza una orquestación que poco más o menos viene a ser como reescribirlo todo nuevamente para terminar aportando ese salero inconfundible que nace de su genio musical. Todo el mundo sabe quién es el maestro de música, pero no se pueden imaginar lo difícil que es crear arte llevando siempre una sonrisa para no perder el compás. No sé si es el alma mater o el alma pater de la orquesta pero de su corazón nace esa música que luego transforman nuestros niños en sentimiento puro durante los conciertos.

Luego, para colmo, resulta que ya estamos acostumbrados a que nuestros pequeños músicos y cantores vayan subiendo un peldaño en cada actuación. Y claro, lo normal es que terminaran pagándolo en los primeros ensayos. ¡Vaya la que les cayó después del primer ensayo general! Pero desde ese momento tiraron de casta y para avanzar a pasos agigantados en ese comprimidísimo cuadrante de ensayos que los llevó hasta las mismas puestas del "Pastora Soler" donde poco antes de las 10 de la mañana supe que se iba a vivir una mañana increíble para la orquesta.
 
Yo estoy convencido que todo el mundo presentía lo que al final pasó, y que no fue otra cosa que un espectacular concierto donde el nivel estuvo cercano a la perfección. Lo digo porque a falta de 20 minutos para empezar el pase para las familias sólo quedaban libres los asientos traseros del patio, e incluso los laterales más "golosos" estaban ya saturados.

Por eso cuando empezó a sonar el "Carita divina" la conexión se estableció desde el primer acorde. Este "viejo" villancico sonaba más fresco y lozano que nunca, con una percusión que iba finísima y como la maquinaria de un reloj suizo. Clarinetes y flautas, violines, violas y violonchelo, guitarra y pianos, tocaban de dulce e hicieron de alfombra roja para el lucimiento del coro, en el que destacó la afinación de nuestro solista que mostró el desparpajo propio del que se gusta en lo que hace. Esos poco más de cinco minutos de compases flamencos nos emocionaron un año más y propiciaron un espléndido inicio de uno de los conciertos más esperado de nuestra joven-veterana orquesta.

Ya nos habíamos zampado los entremeses, y se nos ponía por delante un primer plato inédito llamado "Luna lunera", aunque conociendo a los autores de la receta parecía tremendamente apetitoso. Yo me enamoré de este villancico y de su letra, con hermosas figuras literarias ("el niño se calentaba con un rayito de Luna", ¡no me digáis que no es precioso!). Bellísima orquestación la de Jerónimo y Salvador que han creado la primera suite para coro de la historia. Como un buen entrante la interpretación empezó fuerte y con determinación, para ir dando paso al paladeo y deleite con los solos del coro arrullado de forma impecable también por los solistas de la orquesta, y todo ello a su vez envuelto por una milhoja de percusión rematada por una guinda aflamencá que nos puso a todos los vellos de punta y haciendo explosionar en el patio los "olés" de un público entregado por completo.

Pero, ¡seguía habiendo hambre de concierto! Y ahora venía una delicatessen de nuestros chefs, el "Corta romero". En el nombre sabor al campo andaluz, y en la letra el espíritu vivo de las letras de los campanilleros que supieron ver ates que nadie que los Reyes Magos salieron de Tartesos. ¡Cómo se arrancó esa orquesta y ese coro! Toda la fuerza de los músicos desde el inicio, dirigida por un maestro Enrique concentradísimo en la tarea de conducir con dulce firmeza a sus chicos, mientras sopranos y mezzosopranos les hacían un monumento vocal a las maestras Mercedes y María del Mar (¡vaya dos directoras de coro de lujo!). Ese final saliendo desde abajo para dejar que la orquesta y el coro buscasen su techo sonoro sin desbocarse dejó un regusto que ha tardado días en marcharse definitivamente de los sentidos.

Con los corazones canturreando por ese fenómeno contagioso de la felicidad, apenas nos percatamos de que faltaba el postre. Ni el más exquisito de los reposteros hubiese podido elegir un plato mejor para rematar el concierto con "Habrá Navidad". ¡Qué dulzura en cada nota! Una presentación sencilla con los sonidos de la viola, el violonchelo y la guitarra salpicados por suaves toques de percusión que a modo de azúcar glacé daban una chispa de blancor a la melodía de introducción. El bombo y los cajones era el sonido acompasado del corazón de una orquesta de niños y niñas entregados y que todo lo daban sobre el escenario. Pasearon los sonidos de sus instrumentos, el frescor de sus voces, una, y otra y otra vez sin llegar nunca a empalagar. Y al apagarse la última nota en un susurro de voz y un acorde de guitarra llegó la apoteosis final, las ovaciones y los aplausos. En nuestro colegio la Navidad tiene un pórtico que viene marcado por el concierto de la orquesta JNZ y esta vez ha sido un pórtico de gloria multicolor donde hasta los que morimos por la orquesta nos quedamos alucinados por el resultado final.

Esta proyecto ya no es un sueño. Ahora es una auténtica fábrica de sueños para todos los que de una forma o de otra amamos lo que se hace. Sólo por eso terminaré repitiendo unas palabras que los alumnos de la orquesta dedicaron a sus Maestros Magos: "¡Gracias por regalarnos la orquesta!"

28 de marzo de 2012

Llegó como llega siempre...

... y todo el PUA lo esperaba... ¡olé la música y el canto hechos arte!

Yo me sigo preguntando como son capaces nuestros niños de hacer música, y de hacerla tan bien. Primero cada nota por separado, una detrás de otra en el pentagrama. Cada niño con su voz o con su instrumento, frente a frente el primer día de reparto de partituras. Sin perder su identidad individual, se empiezan a sumar sus esfuerzos para ir dando forma poco a poco a la obra pensada y adaptada por los directores, labor artesanal donde las haya. Y las melodías de los ensayos empiezan a formar parte de los sonidos que cada día escuchamos a la salida del colegio bien porque se canturrean, se tararean o se interpretan con algún instrumento. Poco a poco va cogiendo cuerpo el proyecto original, y entre risas, algún regaño cariñoso y sobre todo con ilusión y mucho trabajo empieza a latir el corazón de cada obra musical. Ensayos por separado de cuerda, coro, viento, percusión, ex alumnos y siempre contrareloj buscando un resultado profesional sin dejar que todo forme parte de un hermoso juego porque a fin de cuenta nuestros artistas niños son. Hasta que llega el día del concierto.

Una flor de azahar distraída por la melodía de primavera recién iniciada indicaba en el almanaque de la Orquesta y Coro JNZ que hoy era uno de sus días grandes. Aunque eso ya se notaba en cada casa, porque a ninguno de sus miembros le costó madrugar y se vistieron con rapidez con ese blancor que los caracteriza. Mucho tiempo antes del primer pase ya estaban todos allí cuando se pasaba lista, llenando de calor e ilusión infantiles cada rincón del Centro Cultural. Simultaneamente se organiza el escenario, se colocan los micrófonos, y se realiza el meticuloso trabajo de sonorización. ¡Se parece tanto a la organanización de una cofradía! Desde el reparto de papeletas hasta los momentos previos a la salida con los diputados de tramo organizando sus nazarenos y los costaleros haciendo la ropa.

"Un, dos, tres y..." musita el maestro Enrique y al tercero de martillo, ¡al cielo vamos con ella! Y la música brota, y suena y resuena, y todo lo llena. Esos sonidos que llenan en un santiamén los ojos de lágrimas en los emocionados padres, madres, abuelos, abuelas, familiares y amigos. ¡Claro que "Pasan los campanilleros"! Y mientras pasan, nos emocionan y nos hacen pensar lo maravilloso de haber encontrado un hueco para poder compartir ese momento mágico de pellizco para el corazón que se está viviendo tan en directo que sin apenas darnos cuenta ya estamos apludiendo a nuestros niños por tan brillante interpretación. El coro, después de su forzosa reestructuración, tiene vida y sentido propio y se complementa perfectamente con la orquesta en un mágico ejercicio musical con un efecto sonoro simplemente maravilloso.

Y ya metidos en ambiente, un año más podemos disfrutar de la saeta de la maestra Mercedes, con la sopresa de haber escuchado previamente otra saeta interpretada por su padre de manera magistral (de tal palo...). No es nada fácil cantar una saeta, y menos aún cuando se hace un un escenario, fuera del marco cofradiero que porporcionan las calles por donde caminan nuestros pasos. Pero hasta en esto el concierto nos ofreció lo mejor de lo mejor, con una saeta brillante y vibrante que no dejó corazón sin conmover ni fibra sin tocar. Un auténtico placer haber podido disfrutar un año más de un adelanto de la Semana Santa en el requiebro saetero de la voz de la directora de nuestro coro.

Y de una saeta a... ¡La Saeta! Durante la interpretación de esta marcha hubo un momento sublime en el que todo parecía ir a cámara lenta. Esa conjunción entre el coro cantando a dos voces (¡menudo estreno ha tenido el coro!), y la sonoridad lograda por la orquesta era absolutamente palpable. Tras las estrofas en verso de la poesía machadiana la emoción se desbordaba en el patio de butacas, igual que cuando la banda que acompaña a un paso se acerca al momento culminante de la estación de penitencia. Con embrujo, arremolinando los acordes, Enrique y Jerónimo mandaban a su cuadrilla que se venía de frente con auténtico arte. Y en la trasera del escenario, Mercedes y Lucía, desplegaban todo el talento del coro iluminando con sus voces como la más rica de las candelerías. Luego, ese toquecito flamenco de la bulería que da pié a que arranque el principio del fin, en ese camino triunfal que terminó dejando en el aire un recuerdo imborrable para todos los que tuvimos la fortuna de estar ahí para vivirlo.

¡Gracias maestros! ¡Gracias maestras! Porque ya no les basta con formar el taco en cada actuación. Ahora también han buscado una labor didáctica, añadiendo al espectáculo una divertida presentación de los instrumentos por familias que encantó tanto a los niños como a sus familias y amistades. Soy consciente de ser un privilegiado por poder estar en cada concierto. Es un auténtico placer compartir una mañana con el maestro Manolo Franco, que es otro de los que habría que hacerle un monumento. Y es una gozada ver la cara de satisfacción de la directora del colegio, rodeada por toda la comunidad educativa. Pero permitidme que me repita una vez más al referirme a esos maravillosos músicos que forman e integran la orquesta JNZ. Todos, absolutamente todos son increibles y llenan la mañana con sus sonrisas, su alegría, con sus miradas y sus caritas llenas de fuerza y de ganas de hacernos disfrutar. Cualquier piropo que os dedique se queda corto, porque sois tan espléndidos que os entregáis por completo en cada concierto, después de horas, horas y más horas de ensayos. ¡Enhorabuena artirstas! Cada vez vel listón va quedando más alto, y cuando apenas han dejado de oirse las últimas notas de este concierto, ya sueño con el próximo.

19 de diciembre de 2011

Concierto en Sol mayor para dos coros y orquesta

Hoy ha sido día de concierto de la orquesta JNZ junto con el coro del CEIP Antonio Cuevas de La Puebla del Río. ¡Menudo concierto! ¿Concierto? ¡¡CONCIERTAZO!!

Es muy difícil describir con palabras lo que ha sucedido en el concierto. Porque ya hace muchas semanas que se empezó a preparar la actuación que hemos tenido el lujo y el privilegio de escuchar. Incluso hoy mismo, con los primeros rayos del sol, el magnífico equipo de ayudantes de la orquesta ha acompañado a los directores para comenzar a montar todo sobre el escenario. Y lo más hermoso es que ese trabajo de más lo hacen felices y con unsa sonrisas que van sembrando de campanillas el ambiente desde primera hora de la mañana. El primer aplauso, incluso antes de haber empezado el concierto, debe ser para ellos.

Igual que en ocasiones anteriores, me fui a la entrada del Centro Cultural para disfrutar viendo las caras de los famliares y amigos que acuden acada año al concierto de Navidad. Día de estreno, día de clausura en una triple representación scholas et urbem (et orbem posteriormente cuando el maestro Enrique suba los vídeos a Internet). Emocionante mañana, con un sabor especial y donde una alfombra roja imaginaria hecha con el talento de unos niños maravillosos da la bienvenida a su público. De mis anécdotas a lo largo de la mañana me quedo con un momento familiar e íntimo que tuve la oportunidad de vivir entre bambalinas: el abrazo de los tres miembros de una familia auténticamente maravillosa.

Ya dentro, y con Aedea y Euterpe bien parapetadas entre bastidores, había más nervios en el patio de butacas que en el escenario. Hermosas las palabras del maestro Antonio que dieron paso a ese momento mágico en que se abre el telón y un millón de miradas cruzan el espacio buscando el lugar donde está la madre, el nieto, el hijo, el padre o la hermanita. Y mientras se apagaba el aplauso de bienvenida el maestro Enrique levantó su batuta y...


...¡Salió el Sol! Un hermoso y luminoso Sol, un Sol mayor, un Sol lleno de calidez y de blancura. Un Sol que calentó el ambiente del Centro Cultural en escasos segundos. Sol brillando en los ojos de cada uno de los niños, eclipsando focos y flashes. Un Sol lleno de colores y de sonidos, de ilusiones y de ganas de gustar. Precioso Sol desde el que los sonidos de la Navidad empezaron a fluir rítmicamente para entrar directamente a los corazones de todos los asistentes.

Carita divina la de los más pequeños de cada familia con los ojos bien abiertos y con su enorme sonrisa en la cara reflejando la alegría y la luz proveniente de las voces de los solistas y del coro y de la música y el compás de la orquesta. Menudo "pellizco" nos dieron nuestros niños con este villancico que hizo que desde el primer momento se vieran algunas lagrimitas en el patio de butacas. El arte de nuestros niños va mucho más allá de la pasión que ponen en cada interpretación porque hacen brotar de sus instrumentos y de sus gargantas los más hermosos sentimientos.

Clarinete, castañuelas, una percusión perfecta, y la gaita y el tamboril rociero sirvieron para llamar a los Pastores del mundo para que le cantaran nanas al niño del portal, aunque tuviese que ser por sevillanas para que en aquella primera Navidad y en la mismísima ciudad de Belén no faltará un toque flamenco que multiplicase la alegría de María y José. Perfecta armonía entre las blancas voces de los coros y esa melodía funidada que es oro sonoro de los sonidos de la orquesta.

Y siguiendo con las tradiciones de nuestra tierra, el espíritu de aquellos Campanilleros que muchos conocimos de niños se hizo presente mientras una vez más todos vibrabamos con la excelente interpretación que nuestros jóvenes músicos tuvieron la oportunidad de regalarnos. Y allí sobre el escenario escondidas entre los niños estaban la orza y una alpargata para tocarla, y unas cuantas zambombas, la botella de anís de la agüela, las campanillas, un almirez y bien visibles los panderos y panderetas. Faltaba sólo el frío en la cara y el olor a castañas asadas o a lumbre encendida para habernos transportado a un pasado no tan lejano y que tantas Navidades llenó en nuestros pueblos.

La Navidad es una fiesta plagada de tradiciones, que en muchos casos han pasado de generación en generación con raíces que se hunden en la historia de cada familia. Es un Ciclo sin fin en el que todos participamos y ponemos nuestro granito de arena. Yasí, granito a granito nació la magistral interpretación con la que terminó el concierto. Dos coros y una orquesta y la magia de Disney envolviéndolo todo. No hay palabras para describir lo que allí vivimos todos: desde la llamada inicial del chelo dando paso a las envolventes voces del coro del CEIP Antonio Cuevas que abrieron el caudal de sonido de la orquesta y coro JNZ fusionándose y dejando que la música fluyera de voz en voz, de instrumento en instrumento, de corazón en corazón para que el sueño del concierto de Navidad tuviera el despertar más dulce y espectacular mientras los ecos de las últimas notas se confundían con una ovación llena de olés y de bravos con el patio ya totalmente entregado a aplaudir a sus niños como mejor homenaje al esfuerzo realizado y al arte que rebosa por cada uno de sus poros.

El proyecto de la orquesta JNZ es impresionante. Ver las caras de Enrique, Jero, Rocío y Miguel, y las de Salvador y la de Rosi durante el concierto es algo que no se olvida con facilidad. Ahí estaban también debutando Ezequiel y Antonio Ignacio repitiendo experiencia. El placer de compartir una mañana con Manolo Franco es un lujazo. Y también nuestros queridísimos ex alumnos a los que un día les picó el virus orquestal JNZ contra el que no hay vacuna que valga. Y también las de todos los que de alguna forma colaboran en el proyecto, sabiendo que para que un edificio sea sólido tiene que tener buenos cimientos. Todavía tengo en la retina las caras de los niños del coro invitado, de nuestra vecina localidad de La Puebla del Río. En el brillo de sus miradas y en la expresión infinita de su alegría se iniciaba el contagio de un espíritu que se unía al de nuestros niños felices, alegres, eufóricos de saberse protagonistas del día en que para muchos comienza realmente la Navidad.