El curso 2.008-2.009 ha sido mucho más. En el corto espacio de nueve meses han aparecido: su primera seño, sus primeros compañeros de clase, su primer contacto con las fichas, los libros y las actividades,… Su primera excursión, su primer cumpleaños con los amigos del cole, su primera visita de SS.MM. los Reyes Magos al colegio, sus primeras vacaciones de Navidad,… Y justo después de sus primeros carnavales vino la operación y una recuperación que nos dejó a todos boquiabiertos. Y de ahí hasta el final en un suspiro pasaron Semana Santa, la Feria de Sevilla, otra excursión, una convivencia en la piscina y los preparativos de la función de final de curso.
Me sé de memoria los nombres y las caritas de los niños de 1ºB -la clase de la señorita Isabel- y creo que nos olvidaré en mi vida. Son ya como las alineaciones legendarias de los equipos campeones y se recitan con un sonsonete similar al del Sorteo de Navidad de la loteria: Alberto, Álvaro, Antonio, Ariadna, Carmen María, Carlos C., Carlos P., Claudia, Desiré, Fernando, Iván, José Luis, Manoli, Manuel, María B., María H., María del Mar, Marta, Miguel Ángel, Miriam, Nicolás, Pepe, Rocío, Rod Mondy, y Triana. Con ellos he disfrutado las dos ocasiones que pisé su aula para leerles el cuento de “Niña bonita” y acompañado por Silvia y vestidos con pijama verde de quirófano para contarles nuestras profesiones.
Atrás quedan los meses de comedor donde encontró a más compañeros de distintos cursos. ¿Cómo podría olvidar a las monitoras del comedor y a la señorita Marisa? Mi pequeña no es consciente aún del cariño que sienten por ella en su colegio, aunque ya nos encargaremos de que llegue a saberlo. Es verdad que no todo ha sido de color rosa, pero tampoco queríamos que fuese así. Simplemente ha sido un año estupendo, un año para recordar, un año para aprender y sobre todo un año para agradecer. Y para que no se me olvide nadie desde aquí le mando las gracias a Loli, la directora del colegio.
Y es que también los papis hemos tenido un buen curso escolar. Descubrimos el placer del desayuno tras dejar a los niños en el colegio, el sentirnos imagineros y orfebres cuando preparábamos el pasito de Semana Santa, el vivir la emoción de ver como iban y volvían de las excursiones, sentirnos reconfortados y acompañados durante los días de ingreso en el Hospital Infantil, los cumpleaños, las celebraciones especiales, las tardes de juegos, y últimamente la satisfacción y el placer de haber encontrado en las mamis y papis de los amigos de Rod Mondy a unos amigos con los que contar para cualquier cosa.
Ha terminado el curso y la perlita caribeña está radiante y feliz. Ha crecido y no sólo en estatura. Ahora se la ve más mayor, menos perdida (aunque para algunas cosas siga siendo un desastre), entendiendo las cosas, en definitiva mi pequeña ya no lo es tanto. Miro las fotos de hace un año y veo miles, millones de diferencias. Escucho sus conversaciones y me pregunto de donde saca tanta palabrería jajaja. Y luego, cuando ya dormida entro por las noches en su habitación me doy cuenta que soy un exagerado. Ahí está mi princesa de cuento, mi perlita caribeña, la que al llegar a nuestras vidas suturó la herida que había en nuestro corazón, la que con un sonrisa te cambia la vida, la que con una mirada te da toda la felicidad, esa que con un beso hace que desaparezcan todas las preocupaciones, la que cada día al llamarme “papi” me recuerda que soy un hombre tremendamente afortunado por pertenecer a una familia tan maravillosa.
Haber podido vivir un año rodeado de niños y de cosas relacionadas con los niños ha sido un verdadero placer. Hace unos años yo intuía lo que ahora sé, y que no es otra cosa que haber descubierto cuáles son las cosas importantes de la vida. Simplemente hay que tener los ojos y los oídos abiertos y esos pequeñazos ruidosos y que no paran de jugar te dan la respuesta en un instante. ¿Será por eso que al terminar la actuación de 1ºB en la función pensé que ser maestro es probablemente la profesión más bonita del mundo?




