"La voz de la sangre... ¡qué flácida patraña romántica! La paternidad única es la costumbre del cariño y del cuidado. El que sufre, lucha y se desvela por un niño, aunque no lo haya engendrado, ése es su padre." (Rubén Dario. Autobiografía)
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19 de diciembre de 2012

Conciertazo de Navidad, ¡mereció la pena!

Hace tan sólo unos días la Orquesta JNZ volvió a escribir una página de gloria musical. Y a pesar de los días pasados todo sigue imborrable en mi recuerdo. Ni siquiera el rápido transcurrir del tiempo ha sido capaz de nublar todo lo que allí sucedió. Es más, con mis recuerdos y sensaciones ordenados, me siento más preparado para poder contaros lo que allí se vivió y se sintió.

Carita divina, Luna lunera, Corta romero y Habrá Navidad. Y de las cuatro piezas, tres eran novedades, rigurosos estrenos. Una vez más haciendo gala del "más difícil todavía". Por un lado los habituales cambios en la orquesta por las salidas y entradas de alumnos a la misma. Ahora hay que sumarle que el maestro Jerónimo (¡qué pedazo de músico!) no se limita a hacer una "adaptacioncita" en las partituras sino que realmente realiza una orquestación que poco más o menos viene a ser como reescribirlo todo nuevamente para terminar aportando ese salero inconfundible que nace de su genio musical. Todo el mundo sabe quién es el maestro de música, pero no se pueden imaginar lo difícil que es crear arte llevando siempre una sonrisa para no perder el compás. No sé si es el alma mater o el alma pater de la orquesta pero de su corazón nace esa música que luego transforman nuestros niños en sentimiento puro durante los conciertos.

Luego, para colmo, resulta que ya estamos acostumbrados a que nuestros pequeños músicos y cantores vayan subiendo un peldaño en cada actuación. Y claro, lo normal es que terminaran pagándolo en los primeros ensayos. ¡Vaya la que les cayó después del primer ensayo general! Pero desde ese momento tiraron de casta y para avanzar a pasos agigantados en ese comprimidísimo cuadrante de ensayos que los llevó hasta las mismas puestas del "Pastora Soler" donde poco antes de las 10 de la mañana supe que se iba a vivir una mañana increíble para la orquesta.
 
Yo estoy convencido que todo el mundo presentía lo que al final pasó, y que no fue otra cosa que un espectacular concierto donde el nivel estuvo cercano a la perfección. Lo digo porque a falta de 20 minutos para empezar el pase para las familias sólo quedaban libres los asientos traseros del patio, e incluso los laterales más "golosos" estaban ya saturados.

Por eso cuando empezó a sonar el "Carita divina" la conexión se estableció desde el primer acorde. Este "viejo" villancico sonaba más fresco y lozano que nunca, con una percusión que iba finísima y como la maquinaria de un reloj suizo. Clarinetes y flautas, violines, violas y violonchelo, guitarra y pianos, tocaban de dulce e hicieron de alfombra roja para el lucimiento del coro, en el que destacó la afinación de nuestro solista que mostró el desparpajo propio del que se gusta en lo que hace. Esos poco más de cinco minutos de compases flamencos nos emocionaron un año más y propiciaron un espléndido inicio de uno de los conciertos más esperado de nuestra joven-veterana orquesta.

Ya nos habíamos zampado los entremeses, y se nos ponía por delante un primer plato inédito llamado "Luna lunera", aunque conociendo a los autores de la receta parecía tremendamente apetitoso. Yo me enamoré de este villancico y de su letra, con hermosas figuras literarias ("el niño se calentaba con un rayito de Luna", ¡no me digáis que no es precioso!). Bellísima orquestación la de Jerónimo y Salvador que han creado la primera suite para coro de la historia. Como un buen entrante la interpretación empezó fuerte y con determinación, para ir dando paso al paladeo y deleite con los solos del coro arrullado de forma impecable también por los solistas de la orquesta, y todo ello a su vez envuelto por una milhoja de percusión rematada por una guinda aflamencá que nos puso a todos los vellos de punta y haciendo explosionar en el patio los "olés" de un público entregado por completo.

Pero, ¡seguía habiendo hambre de concierto! Y ahora venía una delicatessen de nuestros chefs, el "Corta romero". En el nombre sabor al campo andaluz, y en la letra el espíritu vivo de las letras de los campanilleros que supieron ver ates que nadie que los Reyes Magos salieron de Tartesos. ¡Cómo se arrancó esa orquesta y ese coro! Toda la fuerza de los músicos desde el inicio, dirigida por un maestro Enrique concentradísimo en la tarea de conducir con dulce firmeza a sus chicos, mientras sopranos y mezzosopranos les hacían un monumento vocal a las maestras Mercedes y María del Mar (¡vaya dos directoras de coro de lujo!). Ese final saliendo desde abajo para dejar que la orquesta y el coro buscasen su techo sonoro sin desbocarse dejó un regusto que ha tardado días en marcharse definitivamente de los sentidos.

Con los corazones canturreando por ese fenómeno contagioso de la felicidad, apenas nos percatamos de que faltaba el postre. Ni el más exquisito de los reposteros hubiese podido elegir un plato mejor para rematar el concierto con "Habrá Navidad". ¡Qué dulzura en cada nota! Una presentación sencilla con los sonidos de la viola, el violonchelo y la guitarra salpicados por suaves toques de percusión que a modo de azúcar glacé daban una chispa de blancor a la melodía de introducción. El bombo y los cajones era el sonido acompasado del corazón de una orquesta de niños y niñas entregados y que todo lo daban sobre el escenario. Pasearon los sonidos de sus instrumentos, el frescor de sus voces, una, y otra y otra vez sin llegar nunca a empalagar. Y al apagarse la última nota en un susurro de voz y un acorde de guitarra llegó la apoteosis final, las ovaciones y los aplausos. En nuestro colegio la Navidad tiene un pórtico que viene marcado por el concierto de la orquesta JNZ y esta vez ha sido un pórtico de gloria multicolor donde hasta los que morimos por la orquesta nos quedamos alucinados por el resultado final.

Esta proyecto ya no es un sueño. Ahora es una auténtica fábrica de sueños para todos los que de una forma o de otra amamos lo que se hace. Sólo por eso terminaré repitiendo unas palabras que los alumnos de la orquesta dedicaron a sus Maestros Magos: "¡Gracias por regalarnos la orquesta!"

19 de junio de 2012

Aprendices de niño



Concierto dedicado a la maestra Dª Mª Carmen García-Pergañeda


Preámbulo
Ni ayer, ni hoy, ni probablemente mañana, ser niño será algo fácil. Tanto es así que no basta con el paso del tiempo para dejar de serlo, o al menos eso es lo que creo cuando pienso en personas como el maestro Enrique o el maestro Jerónimo. Tanto tiempo al lado de los niños les ha convertido en perfectos aprendices de niño.Y jugando, como niños, crearon a partir de su ilusión la orquesta JNZ por y para los niños de su colegio...

Vivir un sueño
 A la orquesta JNZ la hemos definido desde su creación de muchas maneras: proyecto, invento, fantasía, etc. Pero la verdad es que, al menos para mi, la orquesta de los niños de nuestro colegio es poder vivir un sueño. Ojalá fuese capaz de poder describir la intensidad de todo lo que rodea a la orquesta, convencido de que tiene vida propia aunque para ello dependa de los latidos de los niños que la componen.


Una vez más el programa seleccionada presentaba un atractivo especial. Con la emoción del momento pocas personas se dieron cuenta de los movimientos que se dieron sobre el escenario con el coro entrando, la percusión saliendo, y los paseos de algunos de los solistas. Hubo juego de luces, juego de voces, juego de directores, en un divertimento perceptible desde fuera pero reservado para el disfrute de la propia orquesta. Sólo por estos detalles, y tal vez por tener los vellos erizados o las lágrimas mojando las mejillas los asistentes supieron que estaban viviendo una experiencia inolvidable y diferente a otros conciertos.

Empezar con el tema principal de la banda sonora de "El último mohicano" era poner el listón muy alto desde el inicio. Pero también era una manera de lucir todo el potencial de la orquesta, con una especial mención a esos solistas de lujo que demostraron con su interpretación que cuando uno se entrega por completo puede hacer que lo difícil parezca hasta fácil. Y así sonaron las notas, con fluidez, con armonia, con una melodía continúa que desde el fondo del escenario iba marcando el contrapunto a las idas y venidas del tema principal en las diferentes voces instrumentales. La percusión perfectamente sincronizada y al nivel al que ya nos tiene acostumbrados. De fondo, rellenando los escasos huecos sonoros estaban el resto de los miembros de la orquesta conociendo y ejecutando su función que no es otra que la de envolver con sus notas el perfecto regalo que para el oído fue la interpretación de "The Gael".



Contrastaba el silencio respetuoso de los asistentes, con el llenazo del Centro Cultural "Pastora Soler" en el que muchos padres, madres y familiares estaban de pié en los laterales y al fondo de la sala. Ese silencio como otras veces fue premonitorio de momento grande cuando el maestro Jerónimo alzó su batuta para que los chicos del coro nos endulzaran la mañana con su canto. Cuanta ternura en la música que brotaba de sus gargantas, mientras la cuerda lo adornaba todo con sus pizzicato, o las notas de los clarinetes envolvían una y otra vez el sueño musical de unos niños que desde el primer acorde provocaron en los asistentes un alúd de sentimientos. La trompeta era el repiqueteo de la campana del recreo, y el sonido del piano se sumaba a la cascada de sensaciones que transportaba el aire a cámara lenta, y se unía a las flautas que mesuraron su sonido para acompañar en su arrullo a las voces del coro. Sonó como nunca, y el trabajo de la maestra Mercedes y la maestra Lucía las ponía en la lista de aprendices aventajadas de niño, mientras el vaivén del Vois sur ton chemin recorría las fibras de todos los que pudimos vivir y disfrutar un momento único.


Una vez que la orquesta y el coro JNZ dejaron clara su vocación musical llegó el momento de que volvieran sonidos más propios para los niños, porque insisto y nunca me cansaré de decirlo que eso es lo que son nuestros artistas: niños. Por eso les encanta interpretar el Do, Re, Mi de "Sonrisas y Lágrimas" ya que ellos dominan lo primero y nos emocionan tanto que provocan los segundo. Dejadme que os cuente un momento precioso, cuando en el primer pase, los niños más pequeños de colegio empezaron a hacer palmas al ritmo de la canción y muchos de ellos canturreaban mientras quien sabe si su imaginación los transportaba en un futuro a ese escenario donde "los mayores" disfrutan y hacen disfrutar tanto con sus conciertos. La sincronización entre coro, solista y orquesta parece sencilla, pero creedme que no lo es. Y sin embargo ahí estaba el fruto de los ensayos, de esos recreos entregados a una manera diferente de divertirse y de disfrutar de algo que sin saberlo se había convertido en una pasión.Había tanta alegría en el escenario que terminaron cantando "Sonrisas y Risas".

No se habían apagado todavía las cariñosísimas palabras del maestro Antonio en su presentación cuando ya estábamos llegando al final de este sueño. La última pieza, El ciclo de la vida,  estaba elegida sin duda por muchos motivos. El "chigüeña" marcó en el concierto de Navidad un antes y un después y cambió el rumbo tanto del coro como de la orquesta. La sombra del rey león sobrevoló por el escenario dándoles valor para vencer al calor y al cansancio y ofrecernos una magnífica e impresionante interpretación. Sonó bien porque tocan y cantan muy bien. Sonó mejor que bien porque les encanta su orquesta y lo que para ellos significa. Pero sonó todavía mejor que mejor porque 142 almas de niño encendidas supieron volcarse en homenaje hacia sus maestros y directores y les dieron las gracias como sólo ellos saben. A ninguno de los asistentes pasó desapercibido que en aquellas música había algo diferente y especial, y aún no sabría encontrar palabras que lo explicasen.


Con la última nota la emociones pudieron soltarse de sus ataduras y en el escenario se viveron momentos preciosos e increiblemente bellos. Las palabras de agradecimeitno y despedida de los alumnos de 6º que se van al instituto nos emocionaron a todos, especialmente a aquellos que eran el objeto de las mismas. Ver las caras de los asistentes, muchas de ellas empapadas en lágrimas, sólo podían significar una cosa: un uevo triunfo de la orquesta Josefa Navarro Zamora.
 
¿Os habéis fijado en una cosa? Cuando termina el último pase de los conciertos de la OJNZ nunca se cierra el telón. Por eso hoy cerraré mi personal crónica esperanzado en que pueda seguir siendo así. Todos los momentos que he podido compartir con la orquesta suponen para mi un tesoro, y todo lo que he vivido realmente ha sido un sueño maravilloso. Me considero un privilegiado por haber estado ahí, entre los niños, participando de su alegría contagiándome de su forma de ver y de encarar la cosas de la vida. Gracias.

Me dejo algunas cosas en el tintero, pero permitidme esta vez que sea un poco egosita y no os desvele algunos recuerdos de lo mucho que se vivió en la hermosa mañana en la que el Concierto de Fin de Curso dió inicio a la última semana antes de las vacaciones. ¡Feliz verano!


28 de marzo de 2012

Llegó como llega siempre...

... y todo el PUA lo esperaba... ¡olé la música y el canto hechos arte!

Yo me sigo preguntando como son capaces nuestros niños de hacer música, y de hacerla tan bien. Primero cada nota por separado, una detrás de otra en el pentagrama. Cada niño con su voz o con su instrumento, frente a frente el primer día de reparto de partituras. Sin perder su identidad individual, se empiezan a sumar sus esfuerzos para ir dando forma poco a poco a la obra pensada y adaptada por los directores, labor artesanal donde las haya. Y las melodías de los ensayos empiezan a formar parte de los sonidos que cada día escuchamos a la salida del colegio bien porque se canturrean, se tararean o se interpretan con algún instrumento. Poco a poco va cogiendo cuerpo el proyecto original, y entre risas, algún regaño cariñoso y sobre todo con ilusión y mucho trabajo empieza a latir el corazón de cada obra musical. Ensayos por separado de cuerda, coro, viento, percusión, ex alumnos y siempre contrareloj buscando un resultado profesional sin dejar que todo forme parte de un hermoso juego porque a fin de cuenta nuestros artistas niños son. Hasta que llega el día del concierto.

Una flor de azahar distraída por la melodía de primavera recién iniciada indicaba en el almanaque de la Orquesta y Coro JNZ que hoy era uno de sus días grandes. Aunque eso ya se notaba en cada casa, porque a ninguno de sus miembros le costó madrugar y se vistieron con rapidez con ese blancor que los caracteriza. Mucho tiempo antes del primer pase ya estaban todos allí cuando se pasaba lista, llenando de calor e ilusión infantiles cada rincón del Centro Cultural. Simultaneamente se organiza el escenario, se colocan los micrófonos, y se realiza el meticuloso trabajo de sonorización. ¡Se parece tanto a la organanización de una cofradía! Desde el reparto de papeletas hasta los momentos previos a la salida con los diputados de tramo organizando sus nazarenos y los costaleros haciendo la ropa.

"Un, dos, tres y..." musita el maestro Enrique y al tercero de martillo, ¡al cielo vamos con ella! Y la música brota, y suena y resuena, y todo lo llena. Esos sonidos que llenan en un santiamén los ojos de lágrimas en los emocionados padres, madres, abuelos, abuelas, familiares y amigos. ¡Claro que "Pasan los campanilleros"! Y mientras pasan, nos emocionan y nos hacen pensar lo maravilloso de haber encontrado un hueco para poder compartir ese momento mágico de pellizco para el corazón que se está viviendo tan en directo que sin apenas darnos cuenta ya estamos apludiendo a nuestros niños por tan brillante interpretación. El coro, después de su forzosa reestructuración, tiene vida y sentido propio y se complementa perfectamente con la orquesta en un mágico ejercicio musical con un efecto sonoro simplemente maravilloso.

Y ya metidos en ambiente, un año más podemos disfrutar de la saeta de la maestra Mercedes, con la sopresa de haber escuchado previamente otra saeta interpretada por su padre de manera magistral (de tal palo...). No es nada fácil cantar una saeta, y menos aún cuando se hace un un escenario, fuera del marco cofradiero que porporcionan las calles por donde caminan nuestros pasos. Pero hasta en esto el concierto nos ofreció lo mejor de lo mejor, con una saeta brillante y vibrante que no dejó corazón sin conmover ni fibra sin tocar. Un auténtico placer haber podido disfrutar un año más de un adelanto de la Semana Santa en el requiebro saetero de la voz de la directora de nuestro coro.

Y de una saeta a... ¡La Saeta! Durante la interpretación de esta marcha hubo un momento sublime en el que todo parecía ir a cámara lenta. Esa conjunción entre el coro cantando a dos voces (¡menudo estreno ha tenido el coro!), y la sonoridad lograda por la orquesta era absolutamente palpable. Tras las estrofas en verso de la poesía machadiana la emoción se desbordaba en el patio de butacas, igual que cuando la banda que acompaña a un paso se acerca al momento culminante de la estación de penitencia. Con embrujo, arremolinando los acordes, Enrique y Jerónimo mandaban a su cuadrilla que se venía de frente con auténtico arte. Y en la trasera del escenario, Mercedes y Lucía, desplegaban todo el talento del coro iluminando con sus voces como la más rica de las candelerías. Luego, ese toquecito flamenco de la bulería que da pié a que arranque el principio del fin, en ese camino triunfal que terminó dejando en el aire un recuerdo imborrable para todos los que tuvimos la fortuna de estar ahí para vivirlo.

¡Gracias maestros! ¡Gracias maestras! Porque ya no les basta con formar el taco en cada actuación. Ahora también han buscado una labor didáctica, añadiendo al espectáculo una divertida presentación de los instrumentos por familias que encantó tanto a los niños como a sus familias y amistades. Soy consciente de ser un privilegiado por poder estar en cada concierto. Es un auténtico placer compartir una mañana con el maestro Manolo Franco, que es otro de los que habría que hacerle un monumento. Y es una gozada ver la cara de satisfacción de la directora del colegio, rodeada por toda la comunidad educativa. Pero permitidme que me repita una vez más al referirme a esos maravillosos músicos que forman e integran la orquesta JNZ. Todos, absolutamente todos son increibles y llenan la mañana con sus sonrisas, su alegría, con sus miradas y sus caritas llenas de fuerza y de ganas de hacernos disfrutar. Cualquier piropo que os dedique se queda corto, porque sois tan espléndidos que os entregáis por completo en cada concierto, después de horas, horas y más horas de ensayos. ¡Enhorabuena artirstas! Cada vez vel listón va quedando más alto, y cuando apenas han dejado de oirse las últimas notas de este concierto, ya sueño con el próximo.

19 de diciembre de 2011

Concierto en Sol mayor para dos coros y orquesta

Hoy ha sido día de concierto de la orquesta JNZ junto con el coro del CEIP Antonio Cuevas de La Puebla del Río. ¡Menudo concierto! ¿Concierto? ¡¡CONCIERTAZO!!

Es muy difícil describir con palabras lo que ha sucedido en el concierto. Porque ya hace muchas semanas que se empezó a preparar la actuación que hemos tenido el lujo y el privilegio de escuchar. Incluso hoy mismo, con los primeros rayos del sol, el magnífico equipo de ayudantes de la orquesta ha acompañado a los directores para comenzar a montar todo sobre el escenario. Y lo más hermoso es que ese trabajo de más lo hacen felices y con unsa sonrisas que van sembrando de campanillas el ambiente desde primera hora de la mañana. El primer aplauso, incluso antes de haber empezado el concierto, debe ser para ellos.

Igual que en ocasiones anteriores, me fui a la entrada del Centro Cultural para disfrutar viendo las caras de los famliares y amigos que acuden acada año al concierto de Navidad. Día de estreno, día de clausura en una triple representación scholas et urbem (et orbem posteriormente cuando el maestro Enrique suba los vídeos a Internet). Emocionante mañana, con un sabor especial y donde una alfombra roja imaginaria hecha con el talento de unos niños maravillosos da la bienvenida a su público. De mis anécdotas a lo largo de la mañana me quedo con un momento familiar e íntimo que tuve la oportunidad de vivir entre bambalinas: el abrazo de los tres miembros de una familia auténticamente maravillosa.

Ya dentro, y con Aedea y Euterpe bien parapetadas entre bastidores, había más nervios en el patio de butacas que en el escenario. Hermosas las palabras del maestro Antonio que dieron paso a ese momento mágico en que se abre el telón y un millón de miradas cruzan el espacio buscando el lugar donde está la madre, el nieto, el hijo, el padre o la hermanita. Y mientras se apagaba el aplauso de bienvenida el maestro Enrique levantó su batuta y...


...¡Salió el Sol! Un hermoso y luminoso Sol, un Sol mayor, un Sol lleno de calidez y de blancura. Un Sol que calentó el ambiente del Centro Cultural en escasos segundos. Sol brillando en los ojos de cada uno de los niños, eclipsando focos y flashes. Un Sol lleno de colores y de sonidos, de ilusiones y de ganas de gustar. Precioso Sol desde el que los sonidos de la Navidad empezaron a fluir rítmicamente para entrar directamente a los corazones de todos los asistentes.

Carita divina la de los más pequeños de cada familia con los ojos bien abiertos y con su enorme sonrisa en la cara reflejando la alegría y la luz proveniente de las voces de los solistas y del coro y de la música y el compás de la orquesta. Menudo "pellizco" nos dieron nuestros niños con este villancico que hizo que desde el primer momento se vieran algunas lagrimitas en el patio de butacas. El arte de nuestros niños va mucho más allá de la pasión que ponen en cada interpretación porque hacen brotar de sus instrumentos y de sus gargantas los más hermosos sentimientos.

Clarinete, castañuelas, una percusión perfecta, y la gaita y el tamboril rociero sirvieron para llamar a los Pastores del mundo para que le cantaran nanas al niño del portal, aunque tuviese que ser por sevillanas para que en aquella primera Navidad y en la mismísima ciudad de Belén no faltará un toque flamenco que multiplicase la alegría de María y José. Perfecta armonía entre las blancas voces de los coros y esa melodía funidada que es oro sonoro de los sonidos de la orquesta.

Y siguiendo con las tradiciones de nuestra tierra, el espíritu de aquellos Campanilleros que muchos conocimos de niños se hizo presente mientras una vez más todos vibrabamos con la excelente interpretación que nuestros jóvenes músicos tuvieron la oportunidad de regalarnos. Y allí sobre el escenario escondidas entre los niños estaban la orza y una alpargata para tocarla, y unas cuantas zambombas, la botella de anís de la agüela, las campanillas, un almirez y bien visibles los panderos y panderetas. Faltaba sólo el frío en la cara y el olor a castañas asadas o a lumbre encendida para habernos transportado a un pasado no tan lejano y que tantas Navidades llenó en nuestros pueblos.

La Navidad es una fiesta plagada de tradiciones, que en muchos casos han pasado de generación en generación con raíces que se hunden en la historia de cada familia. Es un Ciclo sin fin en el que todos participamos y ponemos nuestro granito de arena. Yasí, granito a granito nació la magistral interpretación con la que terminó el concierto. Dos coros y una orquesta y la magia de Disney envolviéndolo todo. No hay palabras para describir lo que allí vivimos todos: desde la llamada inicial del chelo dando paso a las envolventes voces del coro del CEIP Antonio Cuevas que abrieron el caudal de sonido de la orquesta y coro JNZ fusionándose y dejando que la música fluyera de voz en voz, de instrumento en instrumento, de corazón en corazón para que el sueño del concierto de Navidad tuviera el despertar más dulce y espectacular mientras los ecos de las últimas notas se confundían con una ovación llena de olés y de bravos con el patio ya totalmente entregado a aplaudir a sus niños como mejor homenaje al esfuerzo realizado y al arte que rebosa por cada uno de sus poros.

El proyecto de la orquesta JNZ es impresionante. Ver las caras de Enrique, Jero, Rocío y Miguel, y las de Salvador y la de Rosi durante el concierto es algo que no se olvida con facilidad. Ahí estaban también debutando Ezequiel y Antonio Ignacio repitiendo experiencia. El placer de compartir una mañana con Manolo Franco es un lujazo. Y también nuestros queridísimos ex alumnos a los que un día les picó el virus orquestal JNZ contra el que no hay vacuna que valga. Y también las de todos los que de alguna forma colaboran en el proyecto, sabiendo que para que un edificio sea sólido tiene que tener buenos cimientos. Todavía tengo en la retina las caras de los niños del coro invitado, de nuestra vecina localidad de La Puebla del Río. En el brillo de sus miradas y en la expresión infinita de su alegría se iniciaba el contagio de un espíritu que se unía al de nuestros niños felices, alegres, eufóricos de saberse protagonistas del día en que para muchos comienza realmente la Navidad.

24 de junio de 2011

Sudor, sonrisas y lágrimas

El concierto de clausura del curso 2.010-2.011 de la Orquesta JNZ lo he vivido de una manera muy diferente a cualquier otro. Desde los ensayos en casa con Rod Mondy notando como cada tarde apretaba un poco más el calor, hasta mi asistencia a uno de los ensayos donde por fin pude constatar que la orquesta es un ser vivo, que respira, se mueve, reposa, ríe mucho, a veces sufre, pero siempre, siempre avanza. Los maestros han sacado horas de donde no había para que los niños y niñas hayan dado muestra una vez más de la ilusión con la que participan en su orquesta.

El telón está aún bajado y detrás está el maestro Antonio repasando la historia de la orquesta. Todo está preparado. Las respiraciones previas al inicio del concierto sirven para templar los nervios, mientras entre bambalinas se asoman entre curiosos y orgullosos los ecos de cada ensayos esperando su momento para fundirse con las notas de la versión final.

¡Y comienza a sonar la música! Saray "Andrews" se encarga de transportarnos a nuestra niñez mientras pasea por el escenario cantando mano a mano con el coro de la familia Von "Púa" ...Do es trato de varón... Sonrisas en el patio de butacas, y ya desde muy pronto alguna que otra emocionada lagrimilla ...Sol, Do, La, Fa, Mi, Do, Re... El maestro Miguel dirige y anima al coro, y desde el fondo del patio de butacas la sonrisa de la maestra Rocío también les marca el camino. Tras el ¡Doooo! final llega la primera ovación que eleva la emoción y el ritmo del concierto.


A continuación el ritmo lo marcaron las palmas por sevillanas con las que siguió el concierto, vibrando con el arte de la guitarra tocada con maestría.

Y todos pudimos ver como aquella carreta coriana que volcó en el Quema quiso seguir así un ratito para disfutar mientras Mª Luz nos devolvía durante unos instantes al camino y a las marismas, en ese sueño rociero que Coria lleva tan dentro.

Luego sin saber cómo, a todos se nos erizaron los vellos cuando resonó el olé más flamenco dedicado a Cristina por esa voz suya llena de duende y compás.

Con la cuarta, y como si nada pasara, esa carreta coriana siguió su caminar jaleada por las voces del coro y los sonidos de toda la orquesta metida de lleno en el concierto y conectada a través de invisibles hilos con un patio entregado que los ovacionaba muy merecidamente.


El corazón del concierto aceleró un poquito más con la llegada de los toques occitanos. La maquinaria perfectamente engrasada de la orquesta mostró toda su capacidad. María dio la entrada a una percusión que vale un imperio, y en seguida llegó la claridad de las notas de Jesús tocando la flauta, acompañado por dos violistas de auténtica categoría. Y así podíamos repasar uno por uno a todos los integrantes de la orquesta, que se encargaron a través de su interpretación de dejar claro una vez más que forman parte de un hermosísimo conjunto donde cada pieza es importante por si misma pero sobre todo porque el resultado final depende de que cada uno ejecute su parte a la perfección.

Música de aire medieval sonando en el tercer milenio interpretada por la orquesta de un colegio de primaria. Universal la música, capaz de meterse en nuestras mentes haciendo que percibamos como un todo cada una de las notas y sonidos generados en esa armoniosa máquina orquestal. Y por supuesto llegó la tercera ovación de la mañana.


Dicen que durante su estancia en Nueva York, a Lorca lo conocían como el poeta que tocaba el piano. Y una de sus piezas favoritas era La Tarara. ¿Quién era? Poco importa cuando por todos es conocida. Su ritmo, cadencioso y lleno de recuerdos de la infancia para muchos de los asistentes provocó el primer silencio de la mañana. Es silencio maestrante que es sinónimo de faena grande.

Y así fue. Sólo faltó que se formara un corro mientras La Tarara iba pasando de voz en voz. acompañada de un Salvador que envolvía con embrujo toda la sala mientras las notas iban saliendo de su clarinete.

¿Acaso no se metió hasta lo más hondo de nuestras almas ese Ayyyyyyy, mi Tarara? Al final de la copla se unieron a través de ese "quejío" dos infancias, dos épocas, dos mundos diferentes con el denominador común de los juegos y canciones en un patio de recreo. Ya no había barrera ni cerrojos que contuviesen las emociones al acercarse con una nueva ovación la última pieza del concierto.


"Cuando escucho la vieja voz de mi sangre que canta y llora recordando pasados siglos de horror, siento a Dios que perfuma mi alma y en el mundo voy sembrando rosas en vez de dolor."

Esa es la traducción al español de la letra de Orobroy. Pero para mi tanto la música como la letra se traducen de otra manera. ¡Qué bien la tocaron y qué bien la cantaron! Cada nota se iba metiendo en rincones escondidos en cada persona, no queriendo dejar de sonar nunca. Al maestro Jerónimo ya no le quedaba más cara para poder tener una sonrisa más grande. Y, ¿qué decimos del maestro Enrique? Habría que visionar a cámara lenta el concierto para percibir cada guiño, cada expresión de su cara, cada mirada, cada movimiento de sus manos para entender la pasión que pone en cada ensayo y en cada concierto. Como el mismo dijo SUS ALUMN@S son los mejores artistas con los que puede subirse a un escenario.

Antes de bajar el telón se vivieron momentos tremendamente emotivos, que sería inútil tratar de describir porque no creo que haya palabras para expresarlos. Sonrisas y lágrimas. Por si no hubiese sido suficiente recompensa haber vivido en primer plano el conciertazo recién terminado, quiso el equipo directivo del colegio darme un obsequio para hacer aún más inolvidable ese momento. De todo corazón, mil gracias.

Ahora habrá que esperar por una parte a los vídeos del maestro Enrique para recordar una y otra vez este concierto. Y muy largo se me hace el tiempo hasta que a mediados de Diciembre vuelva a sonar sobre el escenario la orquesta más maravillosa que conozco, porque no hay ninguna otra que me haga sentir la música tanto como cuando es día de concierto. Antes llegarán los preparativos y los ensayos, de este maravilloso ser vivo que es el único que hiberna en verano.

Maestro Enrique, como verás se cumplieron tus pronósticos y los niños y niñas de la orquesta "se comieron el escenario". Gracias a ti y a Jerónimo por unos días absolutamente imborrables. Y no quiero terminar sin felicitar a todos y cada uno de los miembros de la Orquesta JNZ no sólo por su actuación en el concierto, sino por esa convivencia que se ha generado en torno a la música y que está haciendo que el proyecto de la orquesta tenga unas dimensiones jamás imaginadas.

15 de abril de 2011

Partituras de cuaresma

Cada día de la Cuaresma va regalándonos signos imperceptibles que ayudan a que se templen los nervios durante la espera para la Semana Santa. Los días se alargan. Empieza a sobrar la manta o el edredón durante la noche. Trinan los pájaros y florece y se enverdece el campo. El redoble de los tambores de los ensayos de las bandas son un arrullo nocturno. Y en el almanaque una clave de sol señala el día del concierto de Semana Santa.

A mi me da que el Centro Cultural "Pastora Soler" es ya la sede oficial de la Orquesta JNZ. L@s niñ@s integrantes de la misma se mueven a sus anchas por los pasillos, camerinos y escenario, y casi se echan de menos los nervios de representaciones anteriores, vamos que da coraje tanta "profesionalidad". Claro que es entendible esa tranquilidad conociendo quienes son las personas que lideran este proyecto (jajaja,...tranquilidad sólo con tres ensayos generales...).

Me gustan los conciertos de la orquesta del colegio de mi hija. Me gusta llegar con tiempo para ver las caras de los familiares y amigos, y este año me he querido quedar con las caras y gestos de dos abuelas que repartiendo orgullo y ternura por igual me preguntaban al pié de las escaleras: "¿Toca su hija en la orquesta? ¿Si? Mi nieta toca la flauta.", mientras la otra me comentaba: "Hay que ver qué mérito tienen estos niños. Cada vez que vienen a casa me canta las marchas porque dice que tienen que ensayar". Y yo miraba esos ojos chiquititos de tembloroso brillo o la piel arrugada de su cara o de sus manos, mientras subían peldaño a peldaño las escaleras que las acercaba a ese cachito de gloria que sus nietos le iban a regalar.

Es la hora marcada y ya estamos dentro todos, y el jaleillo de la entrada se justifica por las ganas que tenemos de escuchar una vez más a nuestros niños. Con el patio de butacas repleto, el maestro Antonio rebosa orgullo en su introducción al concierto... ¡y se levanta el telón!

Las miradas buscan con rapidez y avidez el contacto con nuestros pequeños artistas, y ellos hacen lo mismo aunque de manera fugaz porque están pendientes de las órdenes de su director que se acaba de recuperar con maestría gimnástica de un traspiés. Hoy el primer sonido es para comprobar la afinación...

Orquesta JNZ - Pasan los campanilleros by PastorRoldan

Es curioso como el tiempo llega a pararse, a alargarse o a curvarse. Es curioso como los órganos de los sentidos pueden ser burlados por la intensidad de los sentimientos. Porque yo estaba allí. Yo ví como florecía azahar en la batuta del director. Yo olí a incienso con las primeras notas de las flautas. Y no había violines porque eran el vaivén de las bambalinas de un palio. Y no había clarinetes, sólo el trinar de los bencejos. Por no haber no había ni percusión, era el latir al unísono de 150 corazones sobre el escenario. El piano era la más deliciosa y dulce de las torrijas y la guitarra la canela que matiza su sabor. Y al fondo del escenario, brillando como el sol sobre el agua de nuestro río, las voces del coro esperando el "¡a esta es!" de su capataza para envolver con sus voces el regalo que en forma de concierto nos iban a dar.

Orquesta JNZ - La saeta by PastorRoldan

"Pasan los campanilleros", una maravillosa saeta de la maestra Mercedes y para terminar "La saeta", que incluía la sorpresa de la bulería del final. Es obvio que todos nos quedamos con ganas de más, de muchísimo más. Esta claro que los aplausos no fueron sólo fruto del amor hacia nuestros niños sino también la recompensa a su esfuerzo. ¡Qué bien sonó la orquesta en su conjunto! Y es que al final del concierto es cuando te da cuenta de lo que significa pertener a una orquesta. No se trata de 150 solistas tocando y cantando al mismo tiempo. Los maestros y maestras que colaboran y dirigen la orquesta deben estar henchidos de orgullo, sabedores del enorme tesoro que tienen en sus manos.

Hoy la orquesta habrá tocado tras el pasito de la Virgen en la procesión para los niños de infantil. Me he perdido ese bis tardío, aunque mientras camino voy tarareando marchas con la esperanza de que el primer nazareno está cada vez más cerca.

¡Gracias María por tus riquísimas torrijas!

18 de diciembre de 2010

Sentí, sentía, siento, sintiendo,... el desiderátum de los sentimientos

Hace escasamente 3 años Rod Mondy era un nombre, un pensamiento, unas fotos en la cartera, en el móvil y en el ordenador. Aquella Navidad de sentimientos tan encontrados era el preludio de la sinfonía que nos esperaba.

Con tales pensamientos iba yo en la cabeza camino del concierto de Navidad de la orquesta JNZ. La cercanía de mi época favorita del año, el cerebro a mil por hora, tantas cosas que han quedado atrás, y sobre todo el inmenso orgullo de ir a ver a mi hija cantar en el coro de la orquesta de su colegio. Y así llegamos al Centro Cultural de la Villa. En mi recuerdo esa sensación de acudir al teatro de la Maestranza, con ese gusanillo que nace y vive de forma efímera en el estóamgo.

¡Había tanta magia que todo brillaba!

Detrás del telón se escuchaba el lejano murmullo de los niños preparando la tercera función del día, especialmente dedicada para sus familias. En el patio de butacas estaba lleno de sonrisas y miradas nerviosas y un montón de "buenosdías" y de "quétalestá". Los ojos cansados de los abuelos tenían una luz ya casi olvidada, y sus cabellos blancos eran de plata. La emoción era el sentimiento común entre las madres y los padres, teñido de admiración, orgullo y de mucha ternura. Ver lo bien que se portaban los más pequeños de cada familia era un presagio de que algo grande estaba por venir.

Gracias maestro Antonio por su introducción y su explicación pero... ¡no ve que nos morimos de ganas de ver y escuchar a "nuestros" niños!

Se abrió el telón y el blancor inmaculado del escenario los hizo a todos el mejor y más grande de los brillantes. Y tras un respetuoso silencio voló la batuta dibujando acordes de mazapán y compases de turrón. Músicos y coro eran uno y lo daban todo en cada nota no dejando que quedara más espacio entre ellos y su público que el que ocupaba el "duende" que todo lo envolvía. Ayer, la orquesta JNZ nos paseó por un mundo lleno de fantasia y de ilusión, llevándonos en volandas hasta la mismísima puerta que da entrada a la Navidad. ¡Olé, olé y olé por todos los que llenaban el escenario!

Gracias a todos y a cada uno de las personas responsables del proyecto, y con permiso de los maestros Enrique y Jerónimo con especial énfasis para el maestro del coro, Miguel, y sobre todo a esos niños que no paran de darnos alegrías.

Veréis que sólo os dejo el enlace para escuchar el audio del concierto y lo hago por dos motivos. La autorización para subir las imágenes de los niños a Internet la tiene el colegio y no quiero ser yo el que meta la pata. Y sobre todo porque estoy seguro que el montaje que harán del concierto superará con creces el vídeo casero que entre lágrimas y moqueando grabé yo ayer.

Funcion de Navidad by PastorRoldan