Estaba claro que Rod Mondy tenía que ir al Rocío por muchos motivos. El primero para presentársela a la Virgen y poder darle las gracias por todo lo bueno que le ha mandado a nuestra familia en los últimos meses. Pero también para que disfrutase de la parte festiva de la romería, y viese las carretas, los Simpecados, los caballos, y el ambiente tan especial de la Aldea el día de la presentación de las Hermandades.
Así que allá nos fuimos para desayunar tardecito y tranquilamente en la Plaza de Doñana, y luego irnos caminando despacito hacia el puente del Ajolí. En el trayecto nos cruzamos con Triana y con Tomares, y ya en el puente vimos pasar a la Macarena, Puente Genil, Mairena del Aljarafe, Osuna y por fin, con muchísimo retraso llegó nuestra Hermandad... ¡Sevilla!
Y cumplida esta primera parte de nuestro peregrinar rociero, nos fuimos a casa de una maravillosa amiga para festejar con ella no sólo el Rocío, sino también la llegada de Rod Mondy. Gracias Lola porque tu casa siempre está abierta para nosotros. Y gracias sobre todo por haber hecho que nuestra hija disfrutase como nunca hubiésemos imaginado, con ese jamoncito güeno que le pusiste por delante, o con los caballos de la mano de su amigo Jacinto, o bailando sevillanas contigo, o tocando la pandereta o la caja, o para terminar llevando las riendas de las mulas en la mismísima puerta de tu casa.
Esta noche, es la gran noche. Hoy los almonteños saltarán la reja y la Virgen del Rocío saldrá a bendicirnos una vez más. Ahora ya sé que se puede mezclar y compatibilizar la Fé con la Fiesta, la Devoción con el Jolgorio. Porque si no, ¿para que se inventó el Rocío?







