"La voz de la sangre... ¡qué flácida patraña romántica! La paternidad única es la costumbre del cariño y del cuidado. El que sufre, lucha y se desvela por un niño, aunque no lo haya engendrado, ése es su padre." (Rubén Dario. Autobiografía)
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12 de agosto de 2009

Juguete roto (dedicado a "Peluche")

A lo largo de mi vida he tenido muchos animales de compañía, sobre todo perros, y de todos ellos guardo un recuerdo imborrable. Algunos además me acompañaron en momentos especiales como cuando era un bebé y Atila (pekinés) y Nina (pastor alemán) velaban mis juegos y mis sueños. Otra Nina (dálmata) llegó durante mi infancia, y Barry (cocker spaniel) me ayudó a que nuestro traslado desde México hasta España fuese menos duro. En mi adolescencia fue Tara (cruce de caniche) quien me acompañó, y lo hizo durante tantos años que vió incluso como me licenciaba en Medicina (la historia de Tara la dejaré para otro día).

Ahora comparto la felicidad de vivir con Nina y con Cásper, ambos recogidos de la calle. Además, en un corto espacio de tiempo y gracias a que Silvia se empeñó en que fuésemos familia de acogida de galgos han pasado por nuestro hogar Titán, Pastora, Dulcinea, y Shira. Y aunque nos gustase que esta lista acabase aquí, lamentablemente sabemos que en un futuro volveremos a abrir las puertas de nuestra casa a más galgos.

Pero esta entrada va dedicada a "Peluche".
Hace unos días, con la caída de la tarde, Silvia encontró un cachorro debajo de un coche e hizo lo único que podía hacer: meterlo en casa. El animalito a pesar de estar sucio era precioso. Estaba agotado, absolutamente deshidratado, famélico, sin apenas fuerzas para respirar y menos aún para tenerse en pié. Sus encías estaban blanquecinas y su boca fría, sus ojitos miraban sin miedo y se entrecerraban por momentos. Su cuerpo no reaccionaba a las caricias y su rabito no daba señales ni de tristeza ni de alegría.

Silvia lo colocó en la mesa que tenemos en el patio. Mientras intentábamos rehidratarlo poco a poco, nuestros animales empezaron a aparecer. Los gatos encabezados por Noa y Michina se subieron a la mesa con esa curiosidad que la genética y el refranero les otorga. Cásper a media distancia estaba pendiente de todo. Nuestra perlita le mandaba besos y le decía que se iba a curar. Y mientras, el perrito se dejaba que le diéramos agua con una jeringa ya que no tenía fuerza ya para poder beberla por si mismo. Poco después pudimos darle un poco de suplemente nutricional y lo llevamos a la caseta del jardín donde lo dejamos acomodado.

La noche fue diferente, sin las entradas y salidas habituales de los animales de nuestra habitación. Cuando me levanté los seis estaban en el dormitorio y no hicieron amago de seguirme. Al bajar las escaleras vi a "Peluche" dormidito dentro de nuestra casa justo detrás de la puerta. Con sus últimas fuerzas encontró el camino a través de la puerta de la cocina para meterse dentro. Creo que intuyó que las personas y animales que lo habían acogido serían su única y última familia, y dignificó su cruce a través del Arco Iris dejando atrás los sufrimientos de una vida que seguro que nunca mereció.

Tanto Silvia como yo se lo explicamos por la mañana a Rod Mondy, diciéndole que el animalito estaba tan cansado y tan enfermo que no pudimos hacer nada más para salvarlo. Y ella, desde la fortaleza que da lo que ha vivido y hablando desde la verdad del corazón de un niño dijo: "Ahora tiene alas"...

Así me imagino yo ahora a ese perrito que bauticé como "Peluche" en su sepelio, volando entre nubes blancas, bebiendo el agua más cristalina y comiendo el mejor pienso que jamás nunca pudo soñar. Desde aquí nostros le seguiremos mandando el calor de nuestra familia porque aunque fuera durante muy pocas horas, él también formó parte de nuestra manada.