El cumpleaños de Silvia nos sirvió para volver a Mérida a recordar nuestro primer aniversario de bodas. Nada tenía que ver ésta visita con la anterior, entre otras cosas por la metereología. Una magnífica tarde en la que pudimos disfrutar con Rod Mondy de nuestra visita a la ciudad desde el Templo de Diana al Teatro y Anfiteatro pasando por la Casa del Mitreo y los Columbarios.
Pero también tuvimos la oportunidad de disfrutar de la compañía de unos amigos muy especiales con los que compartimos muchísimas cosas en común. Porque después de tantos sinsabores que han marcado nuestro camino adoptivo, ver a las niñas jugando y corriendo, dibujando y escribiendo, y sobre todo divirtiéndose a lo grande fue realmente con diferencia la experiencia más gratificadora que nos pudimos llevar de Mérida. Y si a eso unimos el maravilloso paseo que dimos por Cáceres (tenemos que volver para poder pasear de día por su casco antiguo) creo que tardaremos en olvidar éste paseo por tierras extremeñas.Entre otras cosas podemos mostraros una foto de los tres juntos... ¡por fin!
Y es que el motivo de éste viaje era principalmente celebrar el cumpleaños de Silvia. ¿Qué podía desearle yo a la mujer más maravillosa que pude nunca soñar? Pues sólo una cosa que era celebrar su cumpleaños al lado de su hija. Tengo la sensación de que además de disfrutar del pastel de chocolate que mi mamá le preparó, éste año ha tenido un regustito especial el momento de soplar las velas o de aguantar con las orejas puestas nuestra magnífica interpretación del cumpleaños feliz.
¡FELIZ CUMPLEAÑOS SILVIA!



