
Antiguas leyendas dicen que las mariquitas traen suerte, igual que el trébol de cuatro hojas y la herradura. Cuando tengas una en la mano, pide un deseo. Después, déjala volar. La dirección por donde se haya ido, indicará el camino por el que llegará la felicidad.
En Suiza, los papás y mamás explicaban a sus hijos que los bebés no venían con las cigüeñas, sino con las mariquitas.
En el mundo adoptivo los futuros padres soñamos con lluvias de mariquitas en los días previos a las asignaciones.



