¡Once años! No tengo la sensación de que haya pasado tanto tiempo desde que nos dejaste papá. Pienso tantas veces en ti, hablo en tantísimas ocasiones de ti que no me había dado cuenta que ya son once los años que nos faltas. Pero ya sabes que cada año te escribo no para recordarte con tristeza, sino para que en las líneas que hago públicas sepas al mismo tiempo que te sigo echando de menos y que te quiero muchísimo.
Si papá, te echo de menos un montón. Intento cubrir ese hueco buscando tus palabras en mi interior, recordando esos maravillosos momentos en que charlábamos y me enseñabas tantas y tantas cosas. Te echo de menos porque me encantaría contar con tu consejo, con esa sabiduría que adquiriste a base de mucho vivir. Te echo de menos cuando veo crecer a mis hijas e imagino que los mismos sentimientos de amor infinito que siento con ellas fueron los que tú sentiste conmigo. Te echo de menos los días que almorzamos en casa de mamá cuando ahora soy yo el que ocupo tu sitio.
Y cuanto más te echo de menos, más te quiero. Me regalaste una infancia que muy pocos niños pudieron tener o imaginar. No descuidaste ningún detalle y te preocupaste de que creciera sano y feliz, dando en cada momento importancia a las cosas que lo tenían. Te quiero querido papá por como fuiste y por lo que fuiste. Me gusta recordarte porque recordar es volver a vivir. Me gusta imaginar qué harías o cómo te sentirías si estuvieses entre nosotros. Y lo hago porque te sigo queriendo. Me convenzo a mi mismo de que desde algún lugar del firmamento tú puedes vernos y acompañarnos. Tiene que ser así porque el Amor no tiene fronteras.
Querido papá: el tiempo me ha enseñado una cosa que tú no me dijiste (aunque seguro que lo sabías) y es que hay que vivir la vida con una sonrisa en la cara, plantándole cara, pero sin perder la sonrisa ni el el buen humor. ¿Te harán fiesta en el Cielo por tu aniversario? :-)
Te quiero papá.



