"La voz de la sangre... ¡qué flácida patraña romántica! La paternidad única es la costumbre del cariño y del cuidado. El que sufre, lucha y se desvela por un niño, aunque no lo haya engendrado, ése es su padre." (Rubén Dario. Autobiografía)
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1 de marzo de 2012

Un año más... ¡he vuelto a la escuela!

¡Ay mis niños qué grandes están! Un año más el colegio ha abierto sus puertas para que los padres pudiésemos entrar en la aulas y comaprtir la lectura de un libro con nuestros hijos. Mi clase ya es 4ºB, y la maestra Teresa sigue siendo mi tutora. Y como el aula ya me la conozco, pues me sentí tremendamente feliz y muy cómodo de poder compartir un ratito de la mañana de este nuboso jueves primero de marzo.

Este curso les he querido sorprender con uno de mis libros favoritos de mi infancia, El caballito jorobadito de P. Erskov, Editorial Raduga. No sé cuántas veces en mi vida habré recitado los primeros versos de un hermosísimo cuento en tres partes y que probablemente fue la primera poesía que memoricé: "En una lejana tierra / tras los bosques y la sierra / al otro lado del mar, tenía un viejo su hogar. / Eran sus únicos dones / tres hijos, los tres varones. / El primero, listo, cesudo / el segundo cachazudo / y el tercero un pasmarote / un tonto de capirote."

Gracias niños por vuestro amable recibiemiento, por vuestro silencio y por vuestra atención, por vuestro aplauso y por vuestra despedida. Estos ratitos que puedo compartir con vosotros son auténticos tesoros que guardo muy, muy dentro de mi corazón. Espero que algún día lleguéis a saber lo importante que es para mi cada uno de esos días señalados en letras de oro en el calendario en que puedo adentrarme en vuestro mundo y ser durante un breve espacio de tiempo niño otra vez.

8 de octubre de 2010

Para Laura

(...) Te hemos protegido desde que saliste del cascarón. Te hemos entregado todo nuestro cariño sin pensar jamás en hacer de ti un gato. Te queremos gaviota. Sentimos que tu también nos quieres, que somos tus amigos, tu familia y es bueno que sepas que contigo aprendimos a apreciar, respetar y querer a un ser diferente. Es muy fácil aceptar y querer a los que son iguales a nosotros, pero hacerlo con alguien diferente es muy difícil y tú nos ayudaste a conseguirlo (...)

Hoy nuestra querida Laura ha escrito en su blog sobre el dolor que le causan algunas actitudes y sobre todo expresiones sobre su pequeña hija recién llegada de Vietnam. Y es que sólo por el hecho de tratarse de una bebita de poco más de siete meses de vida esa personas deberían haber cerrado sus bocazas. Pero es que si conociesen la milmillonésima parte de lo que yo conozco a Laura (y a Fernando), esas personas deberían ir a que les cosieran los labios.

Sí, a mi también me duele lo que ha escrito hoy Laura. Y no se trata de la propiedad transitiva del dolor. Me duele porque la conzoco a ella, porque conozco a Fernando, porque conozco su capacidad de entrega y sacrificio, porque conozco su amabilidad y su capacidad para sonreir aún en las peores circunstancias, porque conozco y admiro la manera de enfrentarse a la vida. Los conozco a ellos, y forman parte también de mi familia y por eso también me duele su dolor.

Así que hoy me he querido dedicar un post en este blog para que de alguna manera haga menos amargo el vasito de hiel que se tuvo que tragar.

Seguro que Afortunada, la gaviota protagonista del precioso cuento del que he extraído el texto, conoce perfectamente la fuerza del mar y la usa para remontar el vuelo cuando el cansancio hace que sus alas pesen más de la cuenta.

4 de septiembre de 2010

La isla bajo el mar

Incluso antes de que nuestra perlita caribeña entrara en nuestras vidas, siempre supe que había un otro Haití detrás del que se mostraba ante los ojos del mundo. Y poco a poco lo he ido descubriendo, fundamentalmente a través de su historia en la que ha habido lugar prácticamente para todo incluyendo que fue la primera nación negra independiente.

De todas formas siempre me faltó algo para poder unir los datos que había ido recopilando, y curiosamente ese algo ha aparecido con la lectura de "La isla bajo el mar" de Isabel Allende. Demasiado tiempo pasó el libro en nuestra bibilioteca hasta que por fin llegó el momento de leerlo, o más bien de devorarlo porque me ha durado más bien poco.

Las descripciones de lugares y sobre todo de los personajes de la novela traen a mi mente recuerdos de una enorme intensidad, y probablemente han hecho que brotara en mi un nuevo y mejorado sentimiento hacia Saint-Domingue, esa isla sobre el mar que vió nacer a mi hija mayor. El final del verano del 2.010 marca desde ya un antes y un después en ese rinconcito de mi corazón dedicado a Haití gracias a una novela que recomiendo a todos.

¡Ay, Haití!

«Baila, baila Zarité, porque esclavo que baila es libre… mientras baila»