"La voz de la sangre... ¡qué flácida patraña romántica! La paternidad única es la costumbre del cariño y del cuidado. El que sufre, lucha y se desvela por un niño, aunque no lo haya engendrado, ése es su padre." (Rubén Dario. Autobiografía)
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28 de noviembre de 2009

Otoño

Una paleta con todos los colores se estrena cada año al empezar el curso. Los matices brillantes llegan con las risas, las carreras, y con esos interminables juegos que a veces sólo ellos entienden y que hacen que la felicidad sea el color de fondo permanente cada día. Segundo B, ¡el cole entero! esperaba impaciente a que sus aulas se llenasen de niños...

A principios de octubre el calendario era un pañuelo de los sanfermines para celebrar los 34 otoños de Silvia. Gioconda de día, Mona Lisa de noche, intranquilamente serena, arrullada por su propio nana, demostraba aquél día que no sólo florecen las flores en primavera. Bella y sonrosada, tersa y soñadora, ansiosa y esperanzada,… ¡Felicidades mami!

Unos días más tarde el otoño con sus vientos calurosos y un sol radiante impropio de esta estación, nos trajo el brillo dorado de dos anillos que hace 7 otoños vivieron su momento mágico. Mariposas revoloteando, la luz de los amigos que nos acompañaron, de fondo los latidos de dos corazones a mil por horas, lágrimas sin dolor, recuerdos sin llanto, y sobre todo la absoluta convicción de haber encontrado a la mujer de mi vida. Siete veces ha caído la hoja de calendario, y sigo considerándome el hombre más afortunado… ¡eternamente enamorado!

Cuento
Todos sabéis que una perla necesita sólo un granito de arena -semilla imprescindible- para empezar a crecer. Quizás, los vientos del final del invierno pasado trajeron aquél granito… Y tras él, no vinieron mil y una noches como en los cuentos aunque hubo momentos en que así parecía. Verde esperanza en cada visita, Salud protégela y Rocío cuídala. La banda sonora era un corazón a ciento veinte con la mente en blanco y negro viendo aquella pantalla que unía dos mundos en uno solo… ¡ahí estaba nuestro tesoro! Días y semanas en secreto, silencio donde a veces la sonrisa no callaba y a veces casi nos delataba. Y siempre quedará el misterio de como las aguas del Caribe y del Guadalquivir cruzaron sus cauces para saludarse, y quedar en volver a verse meses después. No podía faltar en esta historia una madre para enseñar como sacrificarse. Nadie como Silvia para saber aguantar sin descansar el descanso obligatorio de días largos y largas noches, con semanas interminables, y meses que parecían eternos. Y el final como el principio, cuando menos se esperaba (¡gracias Quique!). Día veintiséis del décimo mes, y como aquella mañana de invierno las dos perlas otra vez coincideron, emoción, ternura, para el padre…¡un babero! y a la madre ¡un monumento!


Triana la vió nacer,
cerquita del río Betis,
con naranjos y jazmines,
geráneos en los balcones
y azulejos en los jardines.
La plaza de la Virgen de piedra
vió pasar una rosita temprana,
acabando aquella mañana
en que al fin salió a pasear,
llenándola de bendiciones
-Milagrosa al fin y al cabo-
mientras en la iglesia de al lado
Salud le dice a Rocío:
“desde el Cielo me ha llegado
un canasto de naranjas,
mil plátanos de canarias,
y un libro de alabanzas titulado:
El abuelo emocionado”.

Nadie sabe explicar como bien entrado el otoño, el sol y el calor siguen campando a sus anchas. Yo creo que algo tendrá que ver que hace casi 7 días a la perlita caribeña, hermana mayor de estreno, el calendario le trajo el séptimo otoño a su vida. Princesa sacada de un cuento, ¡hija de mi vida!, carita linda, corazón generoso, niña por dentro y por fuera, un poquito más grande cada día, y siempre amando y siempre amada. Verte feliz, verte radiante, rodeada de tus amigos y amigas… ¡esa sí que es la mejor vitamina!

El otoño sigue su curso y a lo lejos empiezan a verse las primeras luces de la Navidad…