Sigo pensando que si Dios me hubiese permitido elegir una vida para vivir me hubiese quedado corto, porque la que me ha dado trae de serie muchas más cosas de los extras que yo hubiese elegido. Ayer volvía a darme cuenta de todo lo que Coria del Río me ha dado y recordé que un día le dije a Silvia que aquí encontraríamos la felicidad.
Y esa felicidad no se mide en forma de raciones de jamón o de gambas, o de los bien que entra la cerveza fresquita o el rebujito, ni siquiera con lo guapísima que lucía ayer Silvia. Esa felicidad nace de ver felices a nuestras hijas, de verlas crecer día a día, de asomarnos a ese mundo al que un día pertenecimos donde vale más un amigo que un imperio. Ver que crezcan felices, esa es y será mi felicidad al lado de Silvia.




1 comentario:
Ver sonreir a un hijo, ahora se lo que significa, daría lo que me pidieran por una sonrisa de mi Bien. Cuando tiene miedos o pesadillas me echo a temblar y cuando rie sale el sol en mi alma.
!Como te entiendo amigo!. La vida os sonrie por lo que vosotros le entregais a ella, no lo dudes. Estamos deseando veros, que conozcais a mi niña.
nos llamamos.
un fuerte abrazo
Fernando, Laura y Julia Bien.
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