
Los niños deberían ser el motor que moviese el mundo. En su mundo, nada sencillo, está la solución a problemas irresolubles para los adultos. La llamada inocencia de los niños no es más que su facilidad para entender las cosas de forma simplista, sin adornos ni cargas. Sólo ellos nos emocionan hasta lo más profundo. Sólo ellos con un simple gesto, una mirada, o una mueca saben iluminar el día más oscuro de nuestras vidas.
Por eso hoy quiero seguir creyendo en que én éste Mundo aún tiene cabida la palabra "Esperanza". Porque en cada niño está la semilla que hará brotar una nueva ilusión, un nuevo proyecto, en definitiva una nueva vida. Y como adulto yo quiero rebuscar en mi recuerdo para volver a aprender a ser niño. Dejar atrás preocupaciones sin importancia y concentrarme en vivir la vida tal y como viene, y no dejar de disfrutar de ningún instante por tener mi mente distraída en absurdos menesteres de persona mayor.
Siempre escuché decir que "cuando Dios cierra una puerta, en alguna parte abre una ventana". Y esa ventana sólo puede tener un nombre: Esperanza.
Por eso hoy quiero seguir creyendo en que én éste Mundo aún tiene cabida la palabra "Esperanza". Porque en cada niño está la semilla que hará brotar una nueva ilusión, un nuevo proyecto, en definitiva una nueva vida. Y como adulto yo quiero rebuscar en mi recuerdo para volver a aprender a ser niño. Dejar atrás preocupaciones sin importancia y concentrarme en vivir la vida tal y como viene, y no dejar de disfrutar de ningún instante por tener mi mente distraída en absurdos menesteres de persona mayor.
Siempre escuché decir que "cuando Dios cierra una puerta, en alguna parte abre una ventana". Y esa ventana sólo puede tener un nombre: Esperanza.




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