"La voz de la sangre... ¡qué flácida patraña romántica! La paternidad única es la costumbre del cariño y del cuidado. El que sufre, lucha y se desvela por un niño, aunque no lo haya engendrado, ése es su padre." (Rubén Dario. Autobiografía)
Daisypath Happy Birthday tickers
Daisypath Happy Birthday tickers

9 de septiembre de 2010

Recordemos las reglas de la netiqueta

  • Regla 1: Nunca olvide que la persona que lee el mensaje es en efecto humana con sentimientos que pueden ser lastimados.
  • Regla 2: Adhiérase a los mismos estándares de comportamiento en línea que usted sigue en la vida real.
  • Regla 3: Reconozca en qué parte del ciberespacio se encuentra.
  • Regla 4: Respete el tiempo y ancho de banda de las otras personas.
  • Regla 5: Muestre el lado bueno de su persona mientras se mantenga en línea.
  • Regla 6: Comparta su conocimiento con la comunidad.
  • Regla 7: Ayude a mantener los debates en un ambiente sano y educativo.
  • Regla 8: Respete la privacidad de terceras personas.
  • Regla 9: No abuse de su poder.

  • Regla 10: Perdone los errores ajenos
“NETiquette” de Virginia Shea (1.994)


Os preguntaréis, ¿a que viene esta entrada? Os cuento. Como os habréis dado cuenta he retomado la escitura en el blog y esto ha hecho que de paso haya vuelto a visitar otros blogs y foros tanto de amigos y conocidos como de personas anónimas. Y desafortunadamente he visto que las reglas citadas arriba apenas si se tienen en cuenta. Expresiones malsonantes, insultos, GRITOS, publicación de fotografía de terceras personas sin su conocimiento, escritura tipo SMS, publicidad, y un montón de pequeños desastres campan a sus anchas por el cyberespacio sin que a nadie le importe un pimiento.

Pues a mi si me importa, y si has llegado hasta aquí seguramente también te importa. Así que si te parece podemos difundir entre nuestros contactos este enlace de Wikipedia que es la referencia bibligráfica de esta entrada. Tacita a tacita...

8 de septiembre de 2010

Mis amigos perrunos (y III): Tara

El último capítulo de estas entradas lo prometí hace mucho tiempo, y ha llegado la hora de que conozcáis la historia de una perrita maravillosa.

Época del Instituto, Facultad, Residencia y primeros años de casado (o sea, desde el año 1.987, pasando por la Expo hasta el verano del año 2.004)

Tara
La historia de Tara daría sin exagerar mucho, para escribir un libro. Su madre se llamaba Cati, y estaba destinada a cruzarse con un caniche campeón, pero días antes un cuchillo negrito y feo se cruzó en su camino y de aquel amor perruno y fugaz llegó al mundo una camada de 7 perritos en casa de mi tía Angelita. Al principio las heridas por el recuerdo de Barry se abrieron y no quise ir a ver a los perritos. Pero enseguida cambié de opinión y empecé a rogarle a mi mamá para que nos quedaramos con uno de los perritos. Y después de unas cuantas semanas de ruegos, una tarde calurosa de verano fuimos a elegir a uno de aquellos revoltosos animalitos que no paraban de jugar en la cocina. Bueno eran todos revoltosos menos una perrita que permanecía bajo una silla con los ojitos abiertos y moviendo el rabito sin moverse del sitio. ¿Amor a primera vista? ¡Absolutamente!

Las primeras horas en casa siguen en mi memoría como si hubiese sido ayer. Primero porque mi papá se negó a que se llamase "Dama", cosa que aprovecho mi mamá para hacer un tributo a su película favorita y llamarla "Tara". Y después porque aquél animalito temblaba de miedo y me la llevé a la habitación sobre uno de los cojines grandes del salón para que durmiese en mi cuarto. Aquella fue mi primera noche en vela...

Pasaron los años y por múltiples causas al final el que paseaba y sacaba a Tara era mi padre. Para cada uno de nosotros tenía muestras de cariño diferentes, aunque era increible ver las fiestas que me había cada día cuando llegaba a casa. O las que le hacía a mi tío Kike, en las que ineludiblemente se hacía pipí de la alegría y que le valieron el sobrenombre de "Tara Inés".

Mil cosas os podría contar de ella, pero prefiero quedarme con los momentos más emotivos. Para mi papá fue, hasta el día de su adiós, una compañera siempre fiel mostrándole su cariño hasta en los momentos más duros y difíciles por los que su salud pasó. Y luego ese cariño se trasladó a mi mamá a la que le dedicó los últimos años de su larga vida en los que hubo tiempo incluso de que se escapara y se perdiera en Pinos del Valle durante las fiestas de San Roque. Aquellos casi tres días sin ella, fueron difíciles porque me costaba aceptar que se hubiese ido sin habernos podido despedir. Pero al igual que pasó un año antes con su hermana Tica hubo un final feliz y volvió sucia, desorientada, temblorosa y medio desdentada a nuestro lado.

Diecisiete años estuvo con nosotros, con sus ojitos casi siempre tapados por su flequillo, con ese rabo que se partió la puntita cuando un día sin querer se lo pillé con una puerta, y con esa postura suya de recibirte con las patas para arriba para que le rascases la panza. ¿Qué aprendí con ella? La entrega total sin esperar nada a cambio. Ese fue su regalo y así vive en mi recuerdo. Probablemente también me enseñó que hay que saber envejecer, ya que a pesar de los años ella vivió nunca dejó de ser una cachorra. ¡Ay Tarita Inés del alma mía!


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El resto de la tropa ya ha sido presentada en éste blog. La efímera Cora, el meón de Cásper, y la incombustible Nina, junto con los galgos que acogimos (Tristán, Dulcinea, Pastora y Shira) y una nueva habitante que llegó de forma temporal y por ahora está como indefinida y que responde al nombre de Lola y que espero presentaros pronto. A ellos tenemos que unir a la parte felina de la ecuación, junto con los roedores para así conformar la realidad de nuestro hogar. ¿Locos? Seguramente, pero muy satisfechos.

7 de septiembre de 2010

Mis amigos perrunos (II): Nina II y Barry

De los dos perros que os voy a escribir hoy me acuerdo perfectamente. Los dos forman también parte de los mejores momentos de mi infancia y son un recuerdo tremendamente positivo y feliz de aquellos días.

Últimos años en México y primeros en España (entre 1975 y 1981)


Nina II
Llegó una tarde mientras jugaba con mi amigo Modesto en mi casa. Llamaron al timbre de la puerta y... ¡allí estaba ella con un lazo rojo alrededor del cuello! Miré a mi papá y le pregunté: "¿Es para mí?" y me contestó: "En cuanto le pongas un nombre". A lo que mi mamá agregó: "Pero antes recoge todo el tiradero de juguetes que tienes en el salón" (típico de madre, ¿verdad?). Esas primeras horas con mi perrita, esos dulces despertares con el peso de su destartalado y canijo cuerpecillo sobre mis piernas, y aquellos intentos de ladrido que se quedaban en un sonido que parecía más un estornudo nos convirtieron en inseparables.

No hubo una tarde en la que no estuviese deseando terminar los deberes para salir con ella a dar un paseo. Mi paga se agotaba en comprarle pelotas, que después de lanzarle unas cuantas veces se dedicaba a destrozar concienzudamente. Le encantaba jugar conmigo y con mis amigos, y ninguno le tenía miedo porque a todo el mundo le movía el rabo. Y fué precisamente esa inocencia de perrita linda (aunque traviesa) la que la separó de mi lado porque un día en los viveros que mi padre dirigía en Tepoztlan se la robaron y de esa forma sentí por primera vez el dolor de perder a un ser querido.


Barry
¡Éste si que era todo un elemento! Hijo de Aldonsa y hermano de Ludovico, este Cocker fue sin duda el mejor amigo en los años previos a la adolescencia. La camada era de exposición y la señora Adriana nos dejó elegir al que más nos gustara y al verlo no tuve ninguna duda de que con él se cumpliría aquello de "el mejor amigo del hombre".

A su lado me fue más fácil dejar a mis amigos en México, y fue mi consuelo en las primeros meses de aquel frío invierno de 1.979 que primero nos llevó a Calatayud, para terminar finalmente en Andújar. Era tierno, aunque con carácter. Afectuoso, pero sin excesos. Ninguno como él para guardar mis secretos, aunque nunca fue un gran consejero (¿es qué pensaría yo con 12 años recién cumpidos para pedir consejo a mi perro?).

Nuestra definitiva mudanza a Sevilla impuso que tuviésemos que regalarlo. Y eso desquició a mi pobre amigo. En un primer intento se fue con un amigo de mi papá, pero a los pocos días nos lo regresaron porque le había mordido la mano. No tuve tiempo para soñar con que finalmente viajara también a Sevilla porque se lo dimos al guarda de la finca donde trabajaba mi padre y ya nunca supe más de mi Barry. Si de Nina aprendí el dolor por la pérdida, con Barry aprendí que por nada del mundo abandonaría nunca a ningún perro más.

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Han pasado más de 30 años desde aquellos días, y sin embargo la sonrisa no se borra de mis labios mientras recuerdo aquellas peripecias infantiles en la que se sembró la semilla de mi amor por los perros en particular, y por los animales en general. A fin de cuentas ya sabemos que "la vida adulta no es más que el revelado de la película rodada durante la infancia".

6 de septiembre de 2010

Mis amigos perrunos (I): Atila y Nina primero, y después Atila II

Empiezo hoy una serie de entradas que desde hace tiempo debería haber escrito. Y es que poco a poco quiero presentaros a todos esos amigos perrunos que han compartido mi existencia y que probablemente hayan influído en mi forma de ser tanto o más que muchas personas.

Primeros años en México (más o menos de 1967 a 1975)

Atila
Como es lógico no tengo ningún recuerdo de este maravilloso cruce de pekinés, y todo lo que sé es que a mi mamá le encantaba porque según me cuenta no tenía los dientes para afuera como la mayoría de los pekineses. Cuando yo nací ya estaba viejito, y le gustaba pasear cerca de la cuna para que yo sacara la mano y le acariciara en el lomo.


Nina
Esta hermosa pastor alemán fue guardiana y compañera de mis juegos coincidiendo algún tiempo con Atila. Según me contaron mis papás era un auténtico portento verla correr por el jardín y sobre todo saltar para recoger su pelota en el aire.


Atila II
Atila y Nina se fueron, pero pronto el hueco quedo cubierto por el hermoso cachorro que véis en las fotos. A su lado viví mi primera mudanza, desde la calle Monte Pichincha en Las Lomas hasta el piso en el que pasaría el resto de mi infancia en la calle Newton en Polanco.

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Aunque de aquellos tres perros no tengo recuerdo alguno, viendo las fotos seguro que acierto al decir que nos quisimos mucho y que lo pasamos muy bien juntos.

5 de septiembre de 2010

Algo nuevo para mi y para mi blog: Bloguzz


Navegando por la red me topé con una página en la que existen promociones de artículos que se entregan a usuarios para que los prueben y den su opinión a través de sus blog personales. Se llama Bloguzz y podemos leer su propia descripición en un post de su propio blog.

Además, hace un ranking de blogs atendiendo a diversas categorías, e incluso proporciona consejos para mejorarlo.

Bloguzz, algo diferente e innovador en el mundo de los blogs.

4 de septiembre de 2010

La isla bajo el mar

Incluso antes de que nuestra perlita caribeña entrara en nuestras vidas, siempre supe que había un otro Haití detrás del que se mostraba ante los ojos del mundo. Y poco a poco lo he ido descubriendo, fundamentalmente a través de su historia en la que ha habido lugar prácticamente para todo incluyendo que fue la primera nación negra independiente.

De todas formas siempre me faltó algo para poder unir los datos que había ido recopilando, y curiosamente ese algo ha aparecido con la lectura de "La isla bajo el mar" de Isabel Allende. Demasiado tiempo pasó el libro en nuestra bibilioteca hasta que por fin llegó el momento de leerlo, o más bien de devorarlo porque me ha durado más bien poco.

Las descripciones de lugares y sobre todo de los personajes de la novela traen a mi mente recuerdos de una enorme intensidad, y probablemente han hecho que brotara en mi un nuevo y mejorado sentimiento hacia Saint-Domingue, esa isla sobre el mar que vió nacer a mi hija mayor. El final del verano del 2.010 marca desde ya un antes y un después en ese rinconcito de mi corazón dedicado a Haití gracias a una novela que recomiendo a todos.

¡Ay, Haití!

«Baila, baila Zarité, porque esclavo que baila es libre… mientras baila»

28 de agosto de 2010

Verano (y III): Colección de sensaciones

Hoy llegan a su fin las que sin duda alguna han sido las mejores vacaciones de mi vida.

Es verdad que antes de la llegada de las niñas he disfrutado de maravillosas vacaciones, conociendo muy distintos lugares y culturas, y que al lado de Silvia siempre he encontrado un plus de felicidad hasta ahora desconocido para mí. No me puedo quejar de los veranos que he vivido hasta la fecha, incluyendo el primero con Rod Mondy o el del año pasado alrededor del embarazo de Silvia esperando la llegada de Jimena.

Este verano todo ha sido igual pero absolutamente diferente. Las mismas cosas, los mismos lugares, incluso las mismas personas se sienten ahora de otra forma. Me dí cuenta durante las fiestas de Pinos del Valle (el pueblo de Silvia). Notaba una enorme satisfacción en cada momento y en cada cosa y una enorme felicidad se había apoderado de mí. Pasear por las calles del pueblo, asistir a las procesiones y a las misas, y participar de los actos de las fiestas me resultaba especialmente satisfactorio. Ahora con el anuncio de Ikea todos hemos recordado que no es más rico el que más tiene sino el que menos necesita, y ahora mismo no sé si soy rico o no porque aunque "sólo" necesito a mi familia, la necesito tanto, tanto, tanto que me surge la duda. De todas formas poco me importa ser rico o no porque lo que si sé es que soy muy feliz seguramente porque desde hace bastante tiempo le dí sentido a otra frase: el secreto de la felicidad no es hacer siempre lo que se quiere sino querer siempre lo que se hace.

Me encantan todos esos pequeños momentos que han hecho de las vacaciones de verano del 2.010 las mejores de mi vida. Me gustan los dientecillos de Jimena asomando cuando se ríe a carcajadas con Rod Mondy. Me enternece ver a Silvia durmiendo plácidamente arrullada por la dulzura de los balbuceos de la bebita. Me fascina ver las caras de los abuelos y bisabuelos al lado de mis hijas. Y los primeros pasos en el andador de la pequeña. Y la bicicleta ya sin rueditas de la mayor. Y los paseos. Y los desayunos, los almuerzos y las cenas. Incluso las noches de calor. Han sido tantas las pequeñeces maravillosas que han adornado mi vida a lo largo de estos 30 días que soy incapaz de enumerarlas todas, aunque ha habido una guinda al pastel y que llegó justamente ayer en forma de email desde Vietnam donde Julia Bíen ya está para siempre con Laura y Fernando.

...Inolvidables e imborrables vacaciones las del 2.010...

25 de agosto de 2010

Huellas imborrables

Celebro mi destino
de sentir como siento,
de vivir como vivo,
de morir como muero.
(Destino final - A. Yupanqui)

Hay muchas clases de huellas. Las dactilares, la genética, la que deja el paso del tiempo, las de nuestros pasos por la arena y también están esas que te marcan para siempre.

Querido papá:

La melancolía me ha invadido por completo, y esas marcas invisibles e imborrables que me unen a ti me llaman, me arden, me acarician y lo mismo son aire en el suspiro, lágrima en el llanto o la mirada que se desvía al apuntar una sonrisa. Ante mí hay un acantilado de 10 años sin posibilidad de cruzarlo. Pero el recuerdo ha creado un puente firme y duradero que siempre nos unirá por más que el tiempo ensanche la distancia.

Al final todo tiene que ver con lo mismo: la familia. Atravieso un camino por el que tú caminaste ya, y avanzando a cada paso mi felicidad se multiplica al unir pasado con presente. ¡Por fin lo entiendo! El amor a mi familia, a todo lo que significa y a todo lo que me da hace que ese camino sea menos duro y que mis pasos sean firmes y mi vista siempre mire al frente. A los lados cosecho mucho y bien de lo sembrado por , y no olvido plantar nueva semilla para que el círculo pueda cerrarse en su momento.

Diez años después aquí estoy nuevamente escribiéndote una carta abierta al mundo. He adoptado y adaptado muchas de tus costumbres porque no podía ser de otra forma. Tu y yo somos Pastor Roldán y eso será así siempre y nada ni nadie lo podrá cambiar. Aquel 15 de mayo en que nos convertimos en hijo y padre fue el inicio de mi camino, y la huella que marca el 25 de agosto en mi corazón no es nada en comparación con la energía que me da sentirte vivo en mí.

Tu nuera, a la que apenas pudiste conocer, es una mujer extraordinaria y tus dos nietas son absolutamente increíbles papá. Nada hay que pueda expresar esa sensación de felicidad que me persigue todo el tiempo, y nada puede existir que pueda hacerme más feliz de lo que soy. Sé que de alguna forma todo esto que te escribo no es algo nuevo para ti, porque sólo en el refranero puedo encontrar una explicación a mis sentimientos: de tal palo, tal astilla. Y por si alguna vez mi ánimo flojea, sólo necesito ver la sonrisa de mamá para saber que todo está bien, que todo va bien.

Van floreciendo mis sueños
a la par de mis tristezas,
También precisa cuidados
el alma como la tierra.
(Pobrecito soy - A. Yupanqui)

19 de agosto de 2010

Verano 2010 (II): ¡Se van a la Conchinchina!

Pero, ¿de verdad os creiáis que no os íbamos a dedicar una entrada en nuestro blog? ¡Jajaja! Cuando ya se puede contar en horas el tiempo que falta para que viajéis al encuentro de Julia Bìen queremos animaros con una sonrisa.

Queridos Laura y Fernando, dice una letra del Coro de la Hermandad del Rocío de Sevilla:

"Largo ha sido el Camino,
aún más larga la espera.
Largos han sido los días,
largas las noches de estrellas"

Habéis repetido tantas veces esas fechas "importantes" (solicitud, cursillos, CI, salida del expediente, registro,...) que están desgastados los números del almanaque de vuestros sueños. Las palabras fuerza, ánimo, esperanza, espera, lucha, deseperación, tenacidad, han formado un minivocabulario que no todos podían llegar a entender.

Y sin embargo ahora... ¡os váis a la Conchinchina (literalmente)! ¡Qué más da todo lo pasado si ya da lo mismo! El pasado atrás se queda, y el mañana quiere hacerse hoy a pasos agigantados. Conocéis cada pixel de la foto de vuestra hija y le dáis vida cada día. ¡Ojalá os fueráis capaces de imaginar vuestras caras!

Queridísimos amigos: desde el corazón de nuestra casa coriana nos damos el lujazo de contar los días para vuestro regreso, y guardamos un hermoso rotulador rojo para marcarlo en el calendario como el más especial de los festivos.

Ante vosostros se abre el infinito, y así será vuestra alegría y vuestra felicidad. La ganastéis ya hace mucho en batallas de palabras, en escaramuzas de oficina, y sobre todo gracias a la nobleza de cada latido de vuestros corazones.

¡Bendita la luz de "su" mirada!

Todo pasa y todo queda...

Verano 2010 (I): Cangiaventura

Un año más, y ya van tres, Rod Mondy ha podido disfrutar de las maravillosas actividades que este año le esperaban en Cangiaventura. Como en ocasiones anteriores la organización ha sido magnífica, y desde el primer minuto los niños han disfrutado de lo lindo.

La perlita se ha hecho mayor, y ya pertenece al grupo de los cangiaventureros de las camisetas amarillas. Como es lógico las actividades que han desarrollado este año ya son de "niños mayores" jajaja. Pero mayores o no lo importante es que cada mañana a lo largo de tres quincenas ha podido disfrutar de lo lindo de todo lo que Encarni y su maravilloso equipo les habían preparado. Y sus dos monitores, primero Juan y luego Patricia, han ayudado a que la diversión haya sido estupenda. Porque es que ha habido tiempo para todo: fiesta de disfraces (edad de piedra y circo), celebración del campeonato del mundo de fútbol vistiendo los colores de España, día de la paz Betis-Sevilla, las gymkanas, juegos de mesa, deportes, fiestas del agua, el primer día del libro,... Y es que ya todos sabemos que Magia es verte sonreir y que Cangiaventura es la auténtica fabrica de magia de cada verano.

Las pistas del polideportivo del Cangilón se han quedado vacías. Y sin embargo, en muchos trozos de césped, en los agujeros de las redes de tenis, en una salpicadura del borde de la piscina, o tal vez en esa gorra que se quedó olvidada bajo un árbol, han quedado atrapados para siempre esos trocitos de felicidad envueltos de carcajadas y carreras, y si uno se fija bien se ve la sombra de Korki tras el granado de la entrada...

Y si Dios quiere el año que viene... ¡volveremos!