Era viernes y había estado toda la tarde lloviendo, aunque las previsiones decían que para las 19.30 h estaría despejado y ya no llovería hasta bien entrada la madrugada. Menos mal que por entonces desconocíamos weather.com porque si no hubiésemos bloqueado al servidor.Como mandan los cánones yo llegué con tiempo y pude disfrutar un ratito de los familiares y amigos. Me veo en las fotos y la sonrisa que tenía en mi cara era fiel reflejo de la inmensa felicidad que sentía en esos momentos.
Cuando se acercaba la hora llegó Silvia en el coche del primo Ángel. Creía que llegaba tarde y se bajó sin esperar ni siquiera a que el padrino le abriese la puerta. Y ahora la recuerdo subiendo las escaleras de acceso al Ayuntamiento tremendamente hermosa, como la más bella de las flores. Por fin su mirada encontró a la mía y en ese fugaz momento se conmovieron todas las células de mi cuerpo. Estaba a punto de unir mi vida a una mujer en la que había encontrado mucho más de lo que jamás hubiese deseado. Pensaba que era increíble que ella me hubiese elegido a mí, y entonces igual que ahora me sentí el hombre más afortunado del mundo.
Ya han pasado seis años desde aquella tarde que hoy recuerdo como si hubiesen pasado sólo seis horas. Sigo enamorado de Silvia tanto o más que entonces, y además del amor he encontrado junto a ella a la pareja ideal para vivir juntos una maravillosa historia en ésta vida. Ella es la piedra angular de nuestro hogar, y parece que todo gira en torno a ella. No sé como lo hace pero no deja nunca de soprenderme esa capacidad que tiene de sacar fuerza de donde parece que no hay. Podría estar escibiendo párrafos y más párrafos intentando explicar como es mi vida a su lado, pero sería un trabajo estéril ya que no creo que fuese capaz de encontrar las palabras adecuadas.
Hoy se han cumplido 6 años de nuestra boda, pero mi mayor alegría es soñar porque este tiempo suponga sólo una pequeña fracción de todo lo que me queda por vivir a su lado.







Mientras mi perlita se queda en el colegio y nosotros volvemos a casa, noto como percibo nuevas sensaciones a través de los mismos sentidos que ayer funcionaban de otra manera. Y me siento tremendamente feliz y afortunado de poseer el mayor tesoro que nunca pude imaginar y que no es otro que mi familia.




Así que Silvia y yo fuímos los primeros en pisar el aula 11, la que pone en un cartelito 1ºB y que está en la primera planta. ¡Qué emoción ver el pupitre que ponía "Rod"! Las emociones se me acumulaban al sentir aquella clase como una parte más de mi vida. Allí nuestra pequeña pasará muchas horas y es allí donde por fin terminará de adaptarse a su nueva vida. Y mientras Silvia colocaba la bolsa en su lugar yo intentaba que no se me escapara un detalle, al tiempo que se escuchaba el jaleo que desde la escalera llegaba al ir subiendo ya los alumnos de los cursos superiores.


