Para nostros la Feria de este año será diferente no sólo por la niñas sino porque gracias a nuestra amiga Julia... ¡tenemos caseta! Así que espero poder contaros al final de las fiestas cuál ha sido el recultado global.
13 de septiembre de 2010
Empieza la Feria 2.010
Para nostros la Feria de este año será diferente no sólo por la niñas sino porque gracias a nuestra amiga Julia... ¡tenemos caseta! Así que espero poder contaros al final de las fiestas cuál ha sido el recultado global.
12 de septiembre de 2010
¡Gracias a la vida!
Mi calendario interior no se rige por los meses del año ya que desde pequeño he notado que el inicio del curso escolar marca realmente un principio en una especie de "reseteado" mental.Tal vez por eso y por la cercanía de momentos hermosos y muy intensos de las pasadas vacaciones, también se apodera un poco de mí al tiempo la melancolía por una parte y una enorme sensación de bienestar y felicidad por la otra. Como he escrito varias veces en este blog soy muy feliz, y sobre todo soy muy consciente de serlo.
El viernes pasado mientrsa conducía camino del hospital y pensaba que Rod Mondy empezaba el curso me vino a la mente la letra de una canción que desde siempre me ha gustado. ¡Gracias a la vida! Porque es verdad que me ha dado mucho, seguramente mucho más de lo que yo jamás hubiese imaginado. Por eso hoy y desde aquí quiero agradecer a la vida y a todos vosotros poder sentirme así como me siento hoy, con una especial dedicatoria para mi ahijada Julia.Gracias a la vida, que me ha dado tanto.
Me dio dos luceros, y cuando los abro,
Perfecto distingo lo negro del blanco,
Y en el alto cielo su fondo estrellado,
Y en las multitudes al hombre que yo amo.
Gracias a la vida, que me ha dado tanto.
Me ha dado el oído que, en todo su ancho,
Graba noche y día grillos y canarios,
Martillos, turbinas, ladridos, chubascos,
Y la voz tan tierna de mi bien amado.
Gracias a la vida, que me ha dado tanto.
Me ha dado el sonido y el abecedario,
Con él las palabras que pienso y declaro,
madre y amigo, hermano y luz alumbrando
la ruta del alma del que estoy amando.
Gracias a la vida, que me ha dado tanto.
Me ha dado la marcha de mis pies cansados.
Con ellos anduve ciudades y charcos,
Playas y desiertos, montañas y llanos,
Y la casa tuya, tu calle y tu patio.
Gracias a la vida, que me ha dado tanto.
Me dio el corazón, que agita su marco,
Cuando miro el fruto del cerebro humano,
Cuando miro al bueno tan lejos del malo,
Cuando miro el fondo de tus ojos claros.
Gracias a la vida, que me ha dado tanto.
Me ha dado la risa, me ha dado el llanto.
Así yo distingo dicha de quebranto,
Los dos materiales que forman mi canto,
Y el canto de ustedes que es el mismo canto,
Y el canto de todos que es mi propio canto.
Violeta Parra, 1.966
Me dio dos luceros, y cuando los abro,
Perfecto distingo lo negro del blanco,
Y en el alto cielo su fondo estrellado,
Y en las multitudes al hombre que yo amo.
Gracias a la vida, que me ha dado tanto.
Me ha dado el oído que, en todo su ancho,
Graba noche y día grillos y canarios,
Martillos, turbinas, ladridos, chubascos,
Y la voz tan tierna de mi bien amado.
Gracias a la vida, que me ha dado tanto.
Me ha dado el sonido y el abecedario,
Con él las palabras que pienso y declaro,
madre y amigo, hermano y luz alumbrando
la ruta del alma del que estoy amando.
Gracias a la vida, que me ha dado tanto.
Me ha dado la marcha de mis pies cansados.
Con ellos anduve ciudades y charcos,
Playas y desiertos, montañas y llanos,
Y la casa tuya, tu calle y tu patio.
Gracias a la vida, que me ha dado tanto.
Me dio el corazón, que agita su marco,
Cuando miro el fruto del cerebro humano,
Cuando miro al bueno tan lejos del malo,
Cuando miro el fondo de tus ojos claros.
Gracias a la vida, que me ha dado tanto.
Me ha dado la risa, me ha dado el llanto.
Así yo distingo dicha de quebranto,
Los dos materiales que forman mi canto,
Y el canto de ustedes que es el mismo canto,
Y el canto de todos que es mi propio canto.
Violeta Parra, 1.966
11 de septiembre de 2010
Habitantes de la casa (VI): Lola
Seguimos buscando una familia para ella porque estamos convencidos que ella necesita su propio espacio y aunque con nosotros vive muy bien, seguro que llegará el momento de que encuentra un hogar que la haga completamente feliz. Y hasta que llegue ese momento pues seguirá con nosotros como una más de la familia.
Etiquetas:
Abandono,
Acogimiento,
Cocker,
Mascotas
10 de septiembre de 2010
Comienza el curso escolar 2.010-11
Cuando era niño los meses de vacaciones eran larguísimos, a veces casi eternos, y el mes de Septiembre no se vislumbraba hasta que estaba muy cerca. Ahora que soy padre resulta que disfruto mucho de las vacaciones de Rod Mondy pero la verdad es que se me han hecho muy cortas. Parece que fue ayer cuando estaban encima del escenario bailando la canción de Eurovisión...Pero ya sólo queda mirar hacia adelante, y disfrutar y trabajar en este 3º de primaria que empieza hoy. A esta hora debe estar sonando el timbre y en breve los niños conocerán a su nueva maestra (la seño Teresa), su nueva aula y también a nuevos compañeros porque al pasar al 2º ciclo se vuelven a sortear las clases. Luego llegará el momento de ver la lista del material escolar, de forrar los libros y preparar esa mochila que ahora prácticamente se diseña por ingenieros de fórmula 1 (¿os acordáis de las mochilas que nosotros llevabamos al cole? Yo de lo que más me acuerdo era que hice toda la E.G.B. con la misma jajaja).
Este año me ha tocado no acompañar a mi perlita a su primer día de clase y tengo una especie de agujerito en el corazón. Pero el curso es largo y tendré un montón de oportunidades de hacer una de las cosas que más me gustan de mi vida: seguir yendo al colegio.
9 de septiembre de 2010
Recordemos las reglas de la netiqueta
Regla 1: Nunca olvide que la persona que lee el mensaje es en efecto humana con sentimientos que pueden ser lastimados.
- Regla 2: Adhiérase a los mismos estándares de comportamiento en línea que usted sigue en la vida real.
- Regla 3: Reconozca en qué parte del ciberespacio se encuentra.
- Regla 4: Respete el tiempo y ancho de banda de las otras personas.
- Regla 5: Muestre el lado bueno de su persona mientras se mantenga en línea.
- Regla 6: Comparta su conocimiento con la comunidad.
- Regla 7: Ayude a mantener los debates en un ambiente sano y educativo.
- Regla 8: Respete la privacidad de terceras personas.
- Regla 9: No abuse de su poder.
- Regla 10: Perdone los errores ajenos
“NETiquette” de Virginia Shea (1.994)
Os preguntaréis, ¿a que viene esta entrada? Os cuento. Como os habréis dado cuenta he retomado la escitura en el blog y esto ha hecho que de paso haya vuelto a visitar otros blogs y foros tanto de amigos y conocidos como de personas anónimas. Y desafortunadamente he visto que las reglas citadas arriba apenas si se tienen en cuenta. Expresiones malsonantes, insultos, GRITOS, publicación de fotografía de terceras personas sin su conocimiento, escritura tipo SMS, publicidad, y un montón de pequeños desastres campan a sus anchas por el cyberespacio sin que a nadie le importe un pimiento.
Pues a mi si me importa, y si has llegado hasta aquí seguramente también te importa. Así que si te parece podemos difundir entre nuestros contactos este enlace de Wikipedia que es la referencia bibligráfica de esta entrada. Tacita a tacita...
8 de septiembre de 2010
Mis amigos perrunos (y III): Tara
El último capítulo de estas entradas lo prometí hace mucho tiempo, y ha llegado la hora de que conozcáis la historia de una perrita maravillosa.
Época del Instituto, Facultad, Residencia y primeros años de casado (o sea, desde el año 1.987, pasando por la Expo hasta el verano del año 2.004)



La historia de Tara daría sin exagerar mucho, para escribir un libro. Su madre se llamaba Cati, y estaba destinada a cruzarse con un caniche campeón, pero días antes un cuchillo negrito y feo se cruzó en su camino y de aquel amor perruno y fugaz llegó al mundo una camada de 7 perritos en casa de mi tía Angelita. Al principio las heridas por el recuerdo de Barry se abrieron y no quise ir a ver a los perritos. Pero enseguida cambié de opinión y empecé a rogarle a mi mamá para que nos quedaramos con uno de los perritos. Y después de unas cuantas semanas de ruegos, una tarde calurosa de verano fuimos a elegir a uno de aquellos revoltosos animalitos que no paraban de jugar en la cocina. Bueno eran todos revoltosos menos una perrita que permanecía bajo una silla con los ojitos abiertos y moviendo el rabito sin moverse del sitio. ¿Amor a primera vista? ¡Absolutamente!
Las primeras horas en casa siguen en mi memoría como si hubiese sido ayer. Primero porque mi papá se negó a que se llamase "Dama", cosa que aprovecho mi mamá para hacer un tributo a su película favorita y llamarla "Tara". Y después porque aquél animalito temblaba de miedo y me la llevé a la habitación sobre uno de los cojines grandes del salón para que durmiese en mi cuarto. Aquella fue mi primera noche en vela...
Pasaron los años y por múltiples causas al final el que paseaba y sacaba a Tara era mi padre. Para cada uno de nosotros tenía muestras de cariño diferentes, aunque era increible ver las fiestas que me había cada día cuando llegaba a casa. O las que le hacía a mi tío Kike, en las que ineludiblemente se hacía pipí de la alegría y que le valieron el sobrenombre de "Tara Inés".
Mil cosas os podría contar de ella, pero prefiero quedarme con los momentos más emotivos. Para mi papá fue, hasta el día de su adiós, una compañera siempre fiel mostrándole su cariño hasta en los momentos más duros y difíciles por los que su salud pasó. Y luego ese cariño se trasladó a mi mamá a la que le dedicó los últimos años de su larga vida en los que hubo tiempo incluso de que se escapara y se perdiera en Pinos del Valle durante las fiestas de San Roque. Aquellos casi tres días sin ella, fueron difíciles porque me costaba aceptar que se hubiese ido sin habernos podido despedir. Pero al igual que pasó un año antes con su hermana Tica hubo un final feliz y volvió sucia, desorientada, temblorosa y medio desdentada a nuestro lado.
Diecisiete años estuvo con nosotros, con sus ojitos casi siempre tapados por su flequillo, con ese rabo que se partió la puntita cuando un día sin querer se lo pillé con una puerta, y con esa postura suya de recibirte con las patas para arriba para que le rascases la panza. ¿Qué aprendí con ella? La entrega total sin esperar nada a cambio. Ese fue su regalo y así vive en mi recuerdo. Probablemente también me enseñó que hay que saber envejecer, ya que a pesar de los años ella vivió nunca dejó de ser una cachorra. ¡Ay Tarita Inés del alma mía!

El resto de la tropa ya ha sido presentada en éste blog. La efímera Cora, el meón de Cásper, y la incombustible Nina, junto con los galgos que acogimos (Tristán, Dulcinea, Pastora y Shira) y una nueva habitante que llegó de forma temporal y por ahora está como indefinida y que responde al nombre de Lola y que espero presentaros pronto. A ellos tenemos que unir a la parte felina de la ecuación, junto con los roedores para así conformar la realidad de nuestro hogar. ¿Locos? Seguramente, pero muy satisfechos.
Tara



La historia de Tara daría sin exagerar mucho, para escribir un libro. Su madre se llamaba Cati, y estaba destinada a cruzarse con un caniche campeón, pero días antes un cuchillo negrito y feo se cruzó en su camino y de aquel amor perruno y fugaz llegó al mundo una camada de 7 perritos en casa de mi tía Angelita. Al principio las heridas por el recuerdo de Barry se abrieron y no quise ir a ver a los perritos. Pero enseguida cambié de opinión y empecé a rogarle a mi mamá para que nos quedaramos con uno de los perritos. Y después de unas cuantas semanas de ruegos, una tarde calurosa de verano fuimos a elegir a uno de aquellos revoltosos animalitos que no paraban de jugar en la cocina. Bueno eran todos revoltosos menos una perrita que permanecía bajo una silla con los ojitos abiertos y moviendo el rabito sin moverse del sitio. ¿Amor a primera vista? ¡Absolutamente!Las primeras horas en casa siguen en mi memoría como si hubiese sido ayer. Primero porque mi papá se negó a que se llamase "Dama", cosa que aprovecho mi mamá para hacer un tributo a su película favorita y llamarla "Tara". Y después porque aquél animalito temblaba de miedo y me la llevé a la habitación sobre uno de los cojines grandes del salón para que durmiese en mi cuarto. Aquella fue mi primera noche en vela...
Pasaron los años y por múltiples causas al final el que paseaba y sacaba a Tara era mi padre. Para cada uno de nosotros tenía muestras de cariño diferentes, aunque era increible ver las fiestas que me había cada día cuando llegaba a casa. O las que le hacía a mi tío Kike, en las que ineludiblemente se hacía pipí de la alegría y que le valieron el sobrenombre de "Tara Inés".
Mil cosas os podría contar de ella, pero prefiero quedarme con los momentos más emotivos. Para mi papá fue, hasta el día de su adiós, una compañera siempre fiel mostrándole su cariño hasta en los momentos más duros y difíciles por los que su salud pasó. Y luego ese cariño se trasladó a mi mamá a la que le dedicó los últimos años de su larga vida en los que hubo tiempo incluso de que se escapara y se perdiera en Pinos del Valle durante las fiestas de San Roque. Aquellos casi tres días sin ella, fueron difíciles porque me costaba aceptar que se hubiese ido sin habernos podido despedir. Pero al igual que pasó un año antes con su hermana Tica hubo un final feliz y volvió sucia, desorientada, temblorosa y medio desdentada a nuestro lado.
Diecisiete años estuvo con nosotros, con sus ojitos casi siempre tapados por su flequillo, con ese rabo que se partió la puntita cuando un día sin querer se lo pillé con una puerta, y con esa postura suya de recibirte con las patas para arriba para que le rascases la panza. ¿Qué aprendí con ella? La entrega total sin esperar nada a cambio. Ese fue su regalo y así vive en mi recuerdo. Probablemente también me enseñó que hay que saber envejecer, ya que a pesar de los años ella vivió nunca dejó de ser una cachorra. ¡Ay Tarita Inés del alma mía!
-0-
El resto de la tropa ya ha sido presentada en éste blog. La efímera Cora, el meón de Cásper, y la incombustible Nina, junto con los galgos que acogimos (Tristán, Dulcinea, Pastora y Shira) y una nueva habitante que llegó de forma temporal y por ahora está como indefinida y que responde al nombre de Lola y que espero presentaros pronto. A ellos tenemos que unir a la parte felina de la ecuación, junto con los roedores para así conformar la realidad de nuestro hogar. ¿Locos? Seguramente, pero muy satisfechos.
7 de septiembre de 2010
Mis amigos perrunos (II): Nina II y Barry
De los dos perros que os voy a escribir hoy me acuerdo perfectamente. Los dos forman también parte de los mejores momentos de mi infancia y son un recuerdo tremendamente positivo y feliz de aquellos días.
Últimos años en México y primeros en España (entre 1975 y 1981)

Llegó una tarde mientras jugaba con mi amigo Modesto en mi casa. Llamaron al timbre de la puerta y... ¡allí estaba ella con un lazo rojo alrededor del cuello! Miré a mi papá y le pregunté: "¿Es para mí?" y me contestó: "En cuanto le pongas un nombre". A lo que mi mamá agregó: "Pero antes recoge todo el tiradero de juguetes que tienes en el salón" (típico de madre, ¿verdad?). Esas primeras horas con mi perrita, esos dulces despertares con el peso de su destartalado y canijo cuerpecillo sobre mis piernas, y aquellos intentos de ladrido que se quedaban en un sonido que parecía más un estornudo nos convirtieron en inseparables.
No hubo una tarde en la que no estuviese deseando terminar los deberes para salir con ella a dar un paseo. Mi paga se agotaba en comprarle pelotas, que después de lanzarle unas cuantas veces se dedicaba a destrozar concienzudamente. Le encantaba jugar conmigo y con mis amigos, y ninguno le tenía miedo porque a todo el mundo le movía el rabo. Y fué precisamente esa inocencia de perrita linda (aunque traviesa) la que la separó de mi lado porque un día en los viveros que mi padre dirigía en Tepoztlan se la robaron y de esa forma sentí por primera vez el dolor de perder a un ser querido.

¡Éste si que era todo un elemento! Hijo de Aldonsa y hermano de Ludovico, este Cocker fue sin duda el mejor amigo en los años previos a la adolescencia. La camada era de exposición y la señora Adriana nos dejó elegir al que más nos gustara y al verlo no tuve ninguna duda de que con él se cumpliría aquello de "el mejor amigo del hombre".
A su lado me fue más fácil dejar a mis amigos en México, y fue mi consuelo en las primeros meses de aquel frío invierno de 1.979 que primero nos llevó a Calatayud, para terminar finalmente en Andújar. Era tierno, aunque con carácter. Afectuoso, pero sin excesos. Ninguno como él para guardar mis secretos, aunque nunca fue un gran consejero (¿es qué pensaría yo con 12 años recién cumpidos para pedir consejo a mi perro?).
Nuestra definitiva mudanza a Sevilla impuso que tuviésemos que regalarlo. Y eso desquició a mi pobre amigo. En un primer intento se fue con un amigo de mi papá, pero a los pocos días nos lo regresaron porque le había mordido la mano. No tuve tiempo para soñar con que finalmente viajara también a Sevilla porque se lo dimos al guarda de la finca donde trabajaba mi padre y ya nunca supe más de mi Barry. Si de Nina aprendí el dolor por la pérdida, con Barry aprendí que por nada del mundo abandonaría nunca a ningún perro más.
Han pasado más de 30 años desde aquellos días, y sin embargo la sonrisa no se borra de mis labios mientras recuerdo aquellas peripecias infantiles en la que se sembró la semilla de mi amor por los perros en particular, y por los animales en general. A fin de cuentas ya sabemos que "la vida adulta no es más que el revelado de la película rodada durante la infancia".
Últimos años en México y primeros en España (entre 1975 y 1981)
Nina II

Llegó una tarde mientras jugaba con mi amigo Modesto en mi casa. Llamaron al timbre de la puerta y... ¡allí estaba ella con un lazo rojo alrededor del cuello! Miré a mi papá y le pregunté: "¿Es para mí?" y me contestó: "En cuanto le pongas un nombre". A lo que mi mamá agregó: "Pero antes recoge todo el tiradero de juguetes que tienes en el salón" (típico de madre, ¿verdad?). Esas primeras horas con mi perrita, esos dulces despertares con el peso de su destartalado y canijo cuerpecillo sobre mis piernas, y aquellos intentos de ladrido que se quedaban en un sonido que parecía más un estornudo nos convirtieron en inseparables.No hubo una tarde en la que no estuviese deseando terminar los deberes para salir con ella a dar un paseo. Mi paga se agotaba en comprarle pelotas, que después de lanzarle unas cuantas veces se dedicaba a destrozar concienzudamente. Le encantaba jugar conmigo y con mis amigos, y ninguno le tenía miedo porque a todo el mundo le movía el rabo. Y fué precisamente esa inocencia de perrita linda (aunque traviesa) la que la separó de mi lado porque un día en los viveros que mi padre dirigía en Tepoztlan se la robaron y de esa forma sentí por primera vez el dolor de perder a un ser querido.
Barry

¡Éste si que era todo un elemento! Hijo de Aldonsa y hermano de Ludovico, este Cocker fue sin duda el mejor amigo en los años previos a la adolescencia. La camada era de exposición y la señora Adriana nos dejó elegir al que más nos gustara y al verlo no tuve ninguna duda de que con él se cumpliría aquello de "el mejor amigo del hombre".A su lado me fue más fácil dejar a mis amigos en México, y fue mi consuelo en las primeros meses de aquel frío invierno de 1.979 que primero nos llevó a Calatayud, para terminar finalmente en Andújar. Era tierno, aunque con carácter. Afectuoso, pero sin excesos. Ninguno como él para guardar mis secretos, aunque nunca fue un gran consejero (¿es qué pensaría yo con 12 años recién cumpidos para pedir consejo a mi perro?).
Nuestra definitiva mudanza a Sevilla impuso que tuviésemos que regalarlo. Y eso desquició a mi pobre amigo. En un primer intento se fue con un amigo de mi papá, pero a los pocos días nos lo regresaron porque le había mordido la mano. No tuve tiempo para soñar con que finalmente viajara también a Sevilla porque se lo dimos al guarda de la finca donde trabajaba mi padre y ya nunca supe más de mi Barry. Si de Nina aprendí el dolor por la pérdida, con Barry aprendí que por nada del mundo abandonaría nunca a ningún perro más.
- 0 -
Han pasado más de 30 años desde aquellos días, y sin embargo la sonrisa no se borra de mis labios mientras recuerdo aquellas peripecias infantiles en la que se sembró la semilla de mi amor por los perros en particular, y por los animales en general. A fin de cuentas ya sabemos que "la vida adulta no es más que el revelado de la película rodada durante la infancia".
6 de septiembre de 2010
Mis amigos perrunos (I): Atila y Nina primero, y después Atila II
Empiezo hoy una serie de entradas que desde hace tiempo debería haber escrito. Y es que poco a poco quiero presentaros a todos esos amigos perrunos que han compartido mi existencia y que probablemente hayan influído en mi forma de ser tanto o más que muchas personas.

Como es lógico no tengo ningún recuerdo de este maravilloso cruce de pekinés, y todo lo que sé es que a mi mamá le encantaba porque según me cuenta no tenía los dientes para afuera como la mayoría de los pekineses. Cuando yo nací ya estaba viejito, y le gustaba pasear cerca de la cuna para que yo sacara la mano y le acariciara en el lomo.

Esta hermosa pastor alemán fue guardiana y compañera de mis juegos coincidiendo algún tiempo con Atila. Según me contaron mis papás era un auténtico portento verla correr por el jardín y sobre todo saltar para recoger su pelota en el aire.

Atila y Nina se fueron, pero pronto el hueco quedo cubierto por el hermoso cachorro que véis en las fotos. A su lado viví mi primera mudanza, desde la calle Monte Pichincha en Las Lomas hasta el piso en el que pasaría el resto de mi infancia en la calle Newton en Polanco.
Aunque de aquellos tres perros no tengo recuerdo alguno, viendo las fotos seguro que acierto al decir que nos quisimos mucho y que lo pasamos muy bien juntos.
Primeros años en México (más o menos de 1967 a 1975)
Atila

Como es lógico no tengo ningún recuerdo de este maravilloso cruce de pekinés, y todo lo que sé es que a mi mamá le encantaba porque según me cuenta no tenía los dientes para afuera como la mayoría de los pekineses. Cuando yo nací ya estaba viejito, y le gustaba pasear cerca de la cuna para que yo sacara la mano y le acariciara en el lomo.Nina

Esta hermosa pastor alemán fue guardiana y compañera de mis juegos coincidiendo algún tiempo con Atila. Según me contaron mis papás era un auténtico portento verla correr por el jardín y sobre todo saltar para recoger su pelota en el aire.Atila II

Atila y Nina se fueron, pero pronto el hueco quedo cubierto por el hermoso cachorro que véis en las fotos. A su lado viví mi primera mudanza, desde la calle Monte Pichincha en Las Lomas hasta el piso en el que pasaría el resto de mi infancia en la calle Newton en Polanco.- 0 -
Aunque de aquellos tres perros no tengo recuerdo alguno, viendo las fotos seguro que acierto al decir que nos quisimos mucho y que lo pasamos muy bien juntos.
5 de septiembre de 2010
Algo nuevo para mi y para mi blog: Bloguzz

Navegando por la red me topé con una página en la que existen promociones de artículos que se entregan a usuarios para que los prueben y den su opinión a través de sus blog personales. Se llama Bloguzz y podemos leer su propia descripición en un post de su propio blog.
Además, hace un ranking de blogs atendiendo a diversas categorías, e incluso proporciona consejos para mejorarlo.
Bloguzz, algo diferente e innovador en el mundo de los blogs.
4 de septiembre de 2010
La isla bajo el mar
Incluso antes de que nuestra perlita caribeña entrara en nuestras vidas, siempre supe que había un otro Haití detrás del que se mostraba ante los ojos del mundo. Y poco a poco lo he ido descubriendo, fundamentalmente a través de su historia en la que ha habido lugar prácticamente para todo incluyendo que fue la primera nación negra independiente.De todas formas siempre me faltó algo para poder unir los datos que había ido recopilando, y curiosamente ese algo ha aparecido con la lectura de "La isla bajo el mar" de Isabel Allende. Demasiado tiempo pasó el libro en nuestra bibilioteca hasta que por fin llegó el momento de leerlo, o más bien de devorarlo porque me ha durado más bien poco.
Las descripciones de lugares y sobre todo de los personajes de la novela traen a mi mente recuerdos de una enorme intensidad, y probablemente han hecho que brotara en mi un nuevo y mejorado sentimiento hacia Saint-Domingue, esa isla sobre el mar que vió nacer a mi hija mayor. El final del verano del 2.010 marca desde ya un antes y un después en ese rinconcito de mi corazón dedicado a Haití gracias a una novela que recomiendo a todos.
¡Ay, Haití!
«Baila, baila Zarité, porque esclavo que baila es libre… mientras baila»
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



