El recuerdo de mi padre está presente a lo largo de todos los días del calendario, pero con la llegada de la Navidad se hace aún más patente (diría que casi visible). Tal vez por esto acude a mi memoria ese momento en que un año en la Misa del gallo me sorprendió al levantarse a interpretar con otros amigos el "Adeste fideles" en latín, cuando yo conocía la versión en inglés y en español. Inolvidable momento de perplejidad, ligera vergüenza y finalmente de orgullo, e inolvidable expresión de serenidad en su rostro mientras cantaba.
12 de diciembre de 2011
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